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Opinión Editorial Coram Populo

9 de enero de 2010

Esta expresión latina acuñada por  Horacio en su Ars Poetica,  expresa, más allá de su literalidad «delante del pueblo», la conveniencia de que todas las actuaciones de los políticos se hagan siempre públicamente, a la vista del pueblo, es decir de todos. Una  forma clara e inequívoca de legitimar el ejercicio de cualquier actuación pública por leve e intrascendente que pueda parecer. Desgraciadamente, el poder cada vez presenta más perversiones en forma de personalismos y concepciones patrimonialistas, alejado de la luz y los taquígrafos. De esta manera muchos actos, que contemplados desde el prisma de una estricta legalidad formal parecen idóneos, quedan deslegitimados al hacerse de una manera restringida, sin opción a la pública concurrencia y de espaldas a cualquier debate o contraste de pareceres. Una causa importante del progreso de Estados Unidos se debe al brainstorming, o tormenta de ideas, en que se mueven los equipos humanos. Esta, entre otras, es una de las causas que van alejando cada vez más a los políticos del pueblo al que representan, que ha pasado a convertirlos en la tercera causa de  preocupación, entre las inquietudes de los ciudadanos
En nuestra ciudad tenemos un reciente ejemplo, o mejor, un reciente mal ejemplo de esta forma de actuar, legal pero legítimamente discutible. Nos referimos al proyecto urbanístico de renovación del Paseo del Coso, una obra de referencia para cualquier ciudadano o urbanista con inquietudes.
Un proyecto en el que durante mucho tiempo se estuvo anunciando la participación de todos, de los ciudadanos y especialmente de los técnicos en la materia, pero que al final se ha encomendado sin concurso de ideas, a espaldas de todos menos uno. Y quede claro que no dudamos ni de la capacidad del afortunado ni de la bondad de su proyecto, que en legítima confrontación con otros, podría  haber sido igualmente elegido, pero que sin duda hubiera quedado más legitimado. No nos sirve el argumento del precio contratado permite adjudicarlo por decreto, porque lo que no es admisible es el secretismo de un proyecto que al final se va al millón de euros y que pensamos que –en criterios de estricta equidad– tendría que haber estado abierto a todos los profesionales de la ciudad.
Nuestra hemeroteca es testigo de la agriada denuncia que la oposición (ahora en el poder) protagonizó años atrás cuando el Alcalde encomendó por decreto la elaboración del anteproyecto de la piscina cubierta, teniendo a su favor el Pleno por unanimidad, circunstancia que en este caso no ha ocurrido.
El Coso es algo más para Barbastro que un simple paseo para la ciudad, es algo emblemático que  nos identifica, un espacio ciudadano singular, que merece todos los talentos y conocimientos, sin limitar ni despreciar  ninguno.
Las tendencias éticas más nuevas y agradecidas inciden en recuperar eso que se ha convenido en denominar la decencia cotidiana, un programa político elemental pero de gran alcance, que tiene una primera raíz popular que luego trata de extender a la ciudadanía. En palabras de Orwell –un escritor ético–, «el redescubrimiento de la decencia cotidiana en los asuntos comunes constituye la única esperanza de renovación política y social en Occidente».

 

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