2 de enero de 2010

En estos tiempos de zozobras, angustias y esperanzas, que más que de escasez material se me antojan de penuria moral, os escribo un año más mi carta, con el firme propósito de pediros sólo lo más necesario y pasar a un segundo plano todo lo material. En primer lugar os solicito vuestra regia mediación y poderes para que sepamos defender, proteger y acompañar la vida, en todas sus formas de principio a fin, soporte primero y necesario de cualquier otro derecho y condición.
Frente al devaluado ecologismo mediático actual quisiera que vuestra mágica influencia actuara en todos y cada uno de los hombres, haciéndoles conscientes de que el respeto a la creación es el comienzo y fundamento de todas las obras de Dios y que su salva-guardia se hace esencial para la convivencia pacífica de la humanidad.
No olvidéis hacer reversible la situación de todas aquellas personas, que están o se incorporan cada día a una situación vulnerable de precariedad, redoblad vuestros esfuerzos para tratar de atender sus necesidades, ayudad a la reflexión de todos hacia nuevos valores de solidaridad, tolerancia, diversidad y generosidad para conseguir una sociedad más humana y habitable.
A nuestros políticos que más parecen, según los termómetros sociales, ir camino de convertirse en el problema en lugar de la solución, conducidlos nuevamente al camino recto de la austeridad y  del  bien común, abandonando el camino tortuoso que no conduce a ninguna parte  de la endogamia, el despilfarro y la autosatisfacción.
En fin, trabajo, justicia, salud y felicidad, es lo que os pido, sin olvidar a nadie, confiando en vuestro elevado criterio de la justicia distributiva, que sabrá dar a cada uno según sus necesidades. Ayudad a los hombres a superar las dificultades y las limitaciones que le son propias. Aliviad la carga pesada de la enfermedad, la soledad y el olvido. Mirad, vosotros que podéis, el alma de cada uno de nosotros y remendadla allí donde consideréis que sea más preciso.
Aunque he dicho que nos pediría nada material, sino entorpece vuestro viaje poned algún libro en vuestras alforjas reales, que eso siempre va bien. Yo os esperaré impaciente como siempre, con forraje para vuestros camellos y una copita de Somontano para Vuestras Majestades en el balcón.

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