22 de abril de 2010

Sucesor de Juan Pablo II, maestro de humanidad y eclesialidad, Joseph Ratzinger, que eligió llamarse Benedicto XVI, sigue dirigiendo la Iglesia en estos inicios del siglo XXI.
En estos cinco años, Benedicto XVI ha anunciado el Evangelio que exige preocuparse por los más desfavorecidos de la tierra y se ha mantenido firme en la defensa de valores esenciales como son la defensa de la vida, la familia, la paz y la justicia. Tiene palabras sabias para comunicar la verdad y gestos y actitudes humanas, sensibles y sencillas hasta casi la timidez que, y quizá por esto mismo, han cautivado a tantas personas. Es un Papa que sabe que ser Papa es más un servicio que un honor y lo cumple sin descanso teniendo ya 83 años.
Queremos subrayar su afán conciliador sobre todo en sus trabajos por acercar la fe al mundo contemporáneo. Señalado por muchos como un teólogo de relevancia mundial, se ha mostrado cercano y pacificador buscando incansablemente el diálogo con otras iglesias cristianas y otras religiones. No siempre bien entendido en este trabajo de tender puentes ha sabido mantenerse con entereza moral ante las dificultades y no ha tenido apuros para manifestar ante todos sus propios sentimientos dando razón de sus actuaciones. Estos gestos de sinceridad personal ante el mundo son impagables.
Hay que agradecerle también las Encíclicas que ha ofrecido y todas sus enseñanzas. En la Encíclica Caritas in veritate ha desarrollado un pensamiento que es ya del todo irrebatible: la crisis de valores es la que ha producido en definitiva la crisis económica.
En estos últimos meses, y como consecuencia del escándalo de pederastia por parte de sacerdotes y religiosos, la Iglesia entera ha sufrido uno de sus peores momentos. Benedicto XVI ha asumido el sufrimiento de las víctimas, no ha callado a la hora de denunciar a los culpables y exigir el pago de su culpa y ha propuesto, desde una integridad moral incuestionable, cómo hay que actuar, desde la Iglesia y desde las instancias jurídicas de la sociedad civil, para ir de frente a la solución de los problemas. Poner en duda ahora la verdad de un Papa que se ha enfrentado íntegramente a estas situaciones depravadas con dolor evangélico y con responsabilidad innegable no es justo ni sincero.  Creemos que después de cinco años, Benedicto XVI es para todos referente moral y espiritual en este comienzo de siglo y milenio.

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