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Opinión Editorial Pasada la Semana Santa

9 de abril de 2010

Lo importante de un acontecimiento no es sólo que pase o que suceda. Siendo, eso sería poco. Después del paso del cualquier acontecimiento importa, sobre todo, esta pregunta: ¿para qué ha servido? O incluso: ¿para qué tendría que haber servido? Al hilo de la pasada Semana Santa podemos, pues, preguntarnos: ¿qué va a quedar?
Una Semana Santa no es puramente la fiesta de la primera luna llena de primavera, aunque siempre coincida, -y ya desde la Pascua judía-, con ese dato, ni un tiempo especial para disfrutar de desfiles artísticos, ni un espacio para revivir simplemente tradiciones, ni unos días de reencuentro con familiares y amigos venidos para la ocasión. Debe ser, más bien, un tiempo propicio para enraizarse en la genuina fe de la Iglesia, -misterio de salvación a través de la muerte y resurrección de Cristo-, un espacio de catequesis vivas para reaprender lo esencial de la vida cristiana y hasta un momento fuerte para definirse de manera clara y rotunda como discípulo del Maestro crucificado.
Si se ha vivido así lo que debe quedar, igual que cuando tuvo lugar la primera vez por las calles de Jerusalén, es una experiencia de compromiso en favor del valor sagrado de la vida y de la dignidad de todas las personas. Aparte de cualquier compromiso de cambio y mejora personal que haya podido suscitar, creemos que haber hecho los desfiles procesionales, o haber participado en los correspondientes oficios litúrgicos, se tendría que notar también socialmente. La Semana Santa de este año se ha enmarcado, -así es la realidad-, en algunas circunstancias muy concretas: crisis económica, paro circunscrito en familias determinadas, situación ambiental de desprestigio del matrimonio y de la familia, la aceptación social y legal de graves distorsiones éticas, como el aborto y otras negaciones de la ley natural, y otras manifestaciones de laicismo ambiental que se atreven a desacreditar valores espirituales.
Lo lógico sería hacerse, pues, la pregunta del principio: ¿qué va a quedar pasada la Semana Santa? O esta otra, que dice lo mismo con diferentes palabras: ¿es que ha pasado la Semana Santa y aquí no ha pasado nada?

 

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