Ahora y Siempre Ángel Pérez Pueyo

5 de diciembre de 2016

LA REVOLUCIÓN DE LA TERNURA, SE LLAMA MISERICORDIA»

«¡vestir al desnudo…!»

Me imagino que a quienes viven en la calle o atraviesan dificultades económicas, les indignará soportar los reclamos de las rebajas y ofertas de los grandes almacenes, cuando no tienen ni para lo más elemental. Y sin embargo, tampoco les disgusta elegir su ropa, como a cualquier ser humano.

Es lo que Cáritas facilita a través de alguno de sus programas: poner al alcance de todos la posibilidad conseguir buena ropa y barata. No sólo «vestir al desnudo», como reza la cuarta obra de misericordia, sino de «revestir» de dignidad y decoro a todo ser humano que necesita ropa.

Uno de los proyectos importantes que impulsa nuestra Cáritas Diocesana es el que lleva el nombre de «El Telar». Con él se ha logrado poner al día, teniendo en cuenta las necesidades y posibilidades actuales, la iniciativa de aquellos antiguos roperos parroquiales.

Además, este programa de reciclaje de ropa contribuye a la inserción laboral de personas en riesgo de exclusión social; en nuestro caso, ocho de las once trabajadoras contratadas. Les ofrece un proceso formativo, donde adquieren capacitación profesional y distintas habilidades personales, sociales y laborales.

Como es sabido, el programa parte de la recogida de ropa en la Parroquia, en los Centros de Cáritas o por medio de los contenedores estratégicamente situados en algunas poblaciones de la Diócesis. Existe un convenio de colaboración suscrito con la empresa de inserción «Troballes» y diversos Ayuntamientos. Se sigue un proceso de selección y reutilización de todas las prendas recogidas; se realiza un «triaje» de las de otras temporadas, almacenándolas para su posterior uso; se lavan; se planchan; se etiquetan; y se preparan para la venta, que se lleva a cabo en las cuatro tiendas que Cáritas Diocesana gestiona en Monzón, Barbastro, Binéfar y Fraga.

Nuestra Cáritas Diocesana también ha apostado por el «Comercio Justo» en Albalate, Barbastro, Benasque, Binaced, Binéfar, Campo, Candasnos, Fraga, Graus, Monzón, Osso de Cinca, Peñalba, Sobrarbe, Tamarite, Torrente y Zaidin, con iniciativas que van desde la venta de productos, a la sensibilización sobre la importancia de un comercio justo.

El «Comercio Justo» asegura varias cosas: que los trabajadores que manufacturan esos productos han recibido un salario digno por su trabajo, que se han respetado sus derechos laborales, que en ningún caso se ha utilizado a ningún niño o niña para la elaboración o transporte del producto, que se ha promovido la igualdad entre hombres y mujeres en el proceso de producción, que se ha respetado el medio ambiente, y que se ha reinvertido parte del beneficio en mejoras sociales, como escuelas, dispensarios médicos, etc., para la comunidad de donde proceden los productos.

De esta forma, quienes adquieren los productos del comercio justo saben que son productos de calidad y que se comprándolos trabajan por la justicia, porque es necesario que también a ellos les suponga un esfuerzo, ya que, de lo contrario, como dice el refrán español, «al que todo se le da… todo se le debe». 

 

29 de enero de 2016

«LA REVOLUCIÓN DE LA TERNURA, SE LLAMA MISERICORDIA»

¡También yo fui forastero…!

Por si fuera poco complicada la vida de un matrimonio, enfermeros ambos, con cuatro hijos, me cuentan que Daniel y su esposa acaban de remodelar su casa para acoger a inmigrantes subsaharianos.

«Cuando valoré con mi esposa que ya no podíamos irnos de misiones por nuestra situación familiar, comenta Daniel, le pedimos a Dios que nos mostrase cómo  podíamos seguir trabajando por la justicia». Y el Espíritu nos impulsó a responder con esta humilde iniciativa. «Enseguida vimos la necesidad de acoger en nuestra casa a algunos inmigrantes africanos. Eran los que peor lo tenían no sólo por su situación legal, sino también sanitaria y psicológica». Colaboran con nosotros quince voluntarios enseñándoles a trabajar, a arreglar sus papeles y a aprender nuestra lengua española. «Los inmigrantes se sienten parte de nuestra familia. Están con nosotros año y medio, y después procuramos buscarles una salida laboral.

Por mi parte, todavía como «aprendiz de pastor», en la primera reunión que mantuve con el Consejo Diocesano de Cáritas, manifesté mi deseo ardiente de visitar a los que llegaban a nuestra tierra para trabajar los campos. Tenía interés en saber dónde vivían y en qué condiciones. Las elecciones municipales, primero, y las generales, después, aconsejaron posponer dicha visita. Aunque queda pendiente, la promesa sigue en pie.

Me siento orgulloso de los proyectos y acciones de Cáritas diocesana cumplidos gracias a vuestra generosidad y al apoyo impagable de tantos voluntarios. En alguna otra reseña los iré detallando con el deseo de animar a nuestros jóvenes a colaborar con ellos.

Expreso mi afecto y ternura a cuantos llegan a nuestra Diócesis con la esperanza de abrirse camino y construir una nueva vida.

22 de enero de 2016

«LA REVOLUCIÓN DE LA TERNURA, SE LLAMA MISERICORDIA»

¡Dar de beber al sediento, va más allá que ofrecerle simplemente agua!

“El agua es fuente de vida para la tierra, las plantas, los animales y las personas. No tener acceso a ella es sinónimo de esterilidad, enfermedad y muerte. Desgraciadamente todavía son muchas las personas en el mundo que tienen necesidad de agua potable”. Así lo expresaba don Ángel Berna, sacerdote aragonés, natural de Tauste, misionero en Guatemala desde hace cuarenta años.

A través de la ONG «MejorHa» asociada a Manos Unidas en el Departamento de Chiquimula, Berna coordina un proyecto para aprovechar el agua de lluvia. “A través de una infraestructura sencilla, varias comunidades pueden tener acceso al agua para usos tan elementales como regar algunos cultivos, asearse, lavar los alimentos antes de consumirlos, limpiar los hogares, tratar sus excretas e incluso beber”.

No se desperdicia ni una gota. Todavía en Chiquimula “hay muchos niños que mueren por diarreas y vómitos, causado por la falta de higiene”. Sin embargo, no sabéis cómo les ha cambiado la vida… Sienten que han logrado recuperar su propia dignidad personal.

Dar de beber al sediento no es sólo ofrecer agua potable, canalizarla, no malgastarla sino, primordialmente, como nos recuerda el Papa Francisco en su Encíclica ecológica «Laudato Si’», es cuidar con responsabilidad el medio ambiente. “El cambio climático es una realidad. Quienes más lo sufren son los pobres que ven cómo se alteran los ciclos de las cosechas, su fuente principal de supervivencia. Cuidar el agua y el medio ambiente, apoyar a quienes trabajan el campo es hacer que la misericordia de Dios restaure la dignidad de los pobres”.

Dar de beber al sediento es también descubrir otra sed, de justicia o de amor, que muchos seres humanos sienten. El “agua” que la sociedad de consumo nos ofrece, no logra apagar nuestra sed. Todos, aunque lo ignoremos o lo neguemos, según refleja el salmo 41, tenemos sed de Dios. Tenemos necesidad de sentido, de felicidad y de plenitud en nuestras vidas:

«Como busca la cierva /corrientes de agua, /así mi alma te busca /a ti, Dios mío.

Tiene sed de Dios, /del Dios vivo: /¿Cuándo entraré a ver / el rostro de Dios?»

Todos llevamos impresos en el «alma» el anhelo de eternidad y de trascendencia que nos impulsa, aun inconscientemente, a la búsqueda de Dios por los caminos más insospechados… Sólo quien descubre «qué bueno es el Señor» experimenta en lo más profundo de sí, la fuente inagotable de vida y de plenitud.

O como  la mujer samaritana que nos propondría que la acompañáramos hasta el pozo de Jacob y nos contaría que llegó allí con el cántaro vacío de sus carencias y dispersiones, pero que aceptó que Aquel que la esperaba realizara en ella su obra salvadora. Y que, si algo aprendió allí de Jesús, es que él no se detiene ante nuestras resistencias sino que actúa como ha visto hacer a su Padre (cf. Jn 5,19).

Jesús busca en nosotros ese “punto de fractura” en el que emerge nuestra sed más honda, como si estuviera convencido de que sólo un deseo mayor puede relativizar los pequeños deseos. Quizá por eso dejó que la mujer samaritana fuera expresando ante él sus prejuicios, sus resistencias y sus recelos, hasta que emergió el anhelo de vida que se escondía en su corazón, y entonces él “tiró” de aquel deseo: “Si conocieras el don de Dios… le pedirías tú y él te daría agua viva”.  

Ojalá, lleguemos a descubrir el manantial de agua viva que se halla oculta en el corazón de cada persona.

Con mi afecto y bendición

Ángel Pérez Pueyo

Obispo de Barbastro-Monzón

 

15 de enero de 2016

«LA REVOLUCIÓN DE LA TERNURA, SE LLAMA MISERICORDIA»

¡Dadles vosotros de comer! Lc 9,13

En la bula «Misericordiae vultus» (el rostro de la misericordia) con la que el Papa Francisco ha convocado este Año Jubilar, nos propone las obras de misericordia como vivencia concreta de la caridad.

A lo largo de las próximas semanas voy a tratar de ir desgranando con ejemplos concretos que conozco o que me vayáis contando, las catorce obras de misericordia, tanto las siete corporales[1ª) dar de comer al hambriento; 2ª dar de beber al sediento; 3ª) dar posada al peregrino; 4ª) vestir al desnudo; 5ª) Visitar al enfermo; 6ª) Socorrer a los presos; 7ª) enterrar a los muertos;] como las siete espirituales [1ª) Enseñar al que no sabe; 2ª) Dar buen consejo al que lo necesita; 3ª) Corregir al que yerra; 4ª) Perdonar las injurias; 5ª) Consolar al triste; 6ª) Sufrir con paciencia los defectos de los demás; 7ª) Pedir por los vivos y difuntos] con el deseo de estimular la sensibilidad y creatividad, especialmente de los más jóvenes, para impulsar en nuestra Diócesis una verdadera «revolución» de la ternura de Dios con sus hij@s en el Alto Aragón.

Me cuenta mi amigo Carlos Mendi que en Madrid hay un comedor atendido por las Siervas de Jesús en el barrio de Vallecas que sirve a los pobres 500 comidas al día, más las que reparte en tuppers a las familias que prefieren dar de comer a sus hijos en casa.

Aunque el menú cambia, el cariño de las monjas y de los voluntarios es el pan nuestro de cada día. Allí se da de comer al hambriento. La hermana Encarnación, responsable del comedor, explica que «en el comedor se ven todos los tipos de miseria que hacen sufrir a las personas…»

Tu miseria, tu pena, tu preocupación, tu enfermedad, tu soledad…se la vamos a traspasar al corazón de Jesús (la «cruz llagada» que se entregó al comenzar el Año Jubilar), que siempre se estremece por los más débiles, pobres, indigentes. En su vida pública, Jesús dio de comer a los hambrientos; y hoy lo sigue haciendo, pidiéndonos que lo hagamos en su nombre. Hoy, desgraciadamente, en España, en nuestra Diócesis sigue habiendo familias enteras, aunque no lo digan por vergüenza, que pasan hambre…

L@s católic@s no podemos mirar para otro lado como si no lo viéramos o no nos enteráramos. El Año de la Misericordia puede ser un momento magnífico para crear donde hiciere falta un comedor, bien ayudar en él a repartir la comida, o bien conseguirla. De esta forma daremos de comer a Cristo mismo, ofreciendo comida a los hambrientos en nombre de Dios, tal como refiere el Evangelio: «todo lo que hacéis por uno de estos hermanos míos más humildes, a mí me lo hicisteis» (Mt 25,40).

La conversión para vivir los valores del Reino pasa por compartir solidariamente según nos exhorta Juan el bautista: «El que tenga dos vestidos que le dé uno al que no tiene; y el que tenga alimentos, que comparta con el que no tiene» (Lucas 3, 11).

A los pobres siempre los tendremos entre nosotros y lo mejor es ayudarles a salir de la pobreza; pero, en tanto que los poderes públicos no lo consigan, habrá que proporcionarles medios materiales para que puedan sobrevivir, no desfallezcan, ni se mueran.

También en nuestra Diócesis, según me comentó el Director de Cáritas Diocesana, hubo una iniciativa conmovedora estas Navidades en Monzón. Amén de las bolsas de comida que las diferentes Cáritas parroquiales reparten mensualmente, un grupo de empresas ofreció en «noche buena» a 70 familias necesitadas, una cena caliente servida a domicilio por un restaurante de la localidad. Me conmueve que l@shij@s del Alto Aragón tengan entrañas maternas y sean tan sensibles, en estos días, para ofrecer no sólo comida caliente sino también calor y color de fraternidad.

Cómo me gustaría que los jóvenes que participen en las «noches claras», que comienzan el próximo 22 de enero en el convento de las clarisas de Monzón a las 20 horas, pudieran comprometerse con una acción solidaria puntual cada mes. La primera, está servida, repartir trescientos «bocatas y zumos» para dar de merendar a los niños de los que sólo pueden ofrecer a sus hijos una comida al día.

Comenzamos con acciones puntuales y concretas la revolución de la ternura que Jesucristo quiere obrar en nuestra Diócesis. Obras son amores y no buenas razones. Gracias, una vez más, por secundar estas iniciativas que aprendimos del Maestro y que nos permitirán hacer visible nítidamente los valores del Reino en nuestra Diócesis.

Con mi afecto y bendición

Ángel Pérez Pueyo

Obispo de Barbastro-Monzón 

8 de enero de 2016

El corazón de Dios está desgarrado. Roto. Sangra por tus heridas y las mías. ¡Qué razón tenía el cardenal Ravasi cuando afirmaba: «vivir sin amar, es una desgracia; pero vivir sin ser amado, es una tragedia»! Tragedia que viven tantos hermanos a nuestro lado que se «desangran» por la soledad o el desamor y deambulan «muertos por nuestras calles”.

Nuestro corazón se va «desangrando» cuando nos sentimos engañados, utilizados, manejados, ninguneados… Cuando hemos experimentado, de una forma u otra, algún fracaso, frustración, caída… Cuando nos sentimos angustiados, abatidos, decepcionados… Cuando todos nos niegan «el pan y la sal» o se nos cierran todas las puertas. Cuando una enfermedad o un contratiempo inesperado desbaratan todos nuestros planes o proyectos.

¿Quién podrá sanar nuestro corazón herido? ¿Quién podrá aliviar tanto dolor? ¿Quién podrá hacer nuevas todas las cosas? Con total humildad, pero con la misma convicción, os confieso que Dios ha sido el único que realmente ha logrado curar, liberar, aliviar…mi corazón tantas veces lastimado. Ahora tenemos una oportunidad de gracia: «clicar» y «formatear» nuestro corazón, borrando todo aquello que lo ha dañado. Dios perdona todas nuestras deudas, de forma gratuita. Podemos comenzar siempre de nuevo.¡Qué grande el Papa Francisco que, con esas entrañas de madre que le caracterizan, ofrece a toda la humanidad un año de GRACIA, de amnistía, de perdón…!

¿Qué tenemos que hacer nosotros en la Diócesis de Barbastro-Monzón? Impulsar, como sugiere el Papa Francisco, la «revolución de la ternura». Esta revolución se llama MISERICORDIA que, como podéis imaginar, va más allá del «buenismo», del voluntarismo, incluso de la misma justicia.

Hoy el Señor te invita a ¡quererte como tú eres! Pero, sobre todo, te pide que ¡te dejes querer, curar, perdonar, abrazar… por Dios! Que te fundas en sus brazos, escuches el latido de su corazón de Padre–Madre que te ama sin porqués ni paraqués. El peor pecado, todos tenemos experiencia de ello, es negarnos al amor, vivir anclados en nuestro orgullo y prepotencia.

No es el poder ni la violencia los que liberan al ser humano, sino el amor, la ternura, la compasión, la humildad… virtudes que, en absoluto, adornan a las personas más débiles sino a las almas de los más fuertes, de los que no necesitan matar o silenciar al que es distinto, de los que no amordazan al rival, ni maltratan al más débil para sentirme importantes… Al mundo no lo salvan los crucificadores sino los crucificados.

La misericordia se constituye entonces en fuente de alegría, de serenidad, de paz interior, de libertad, de plenitud de sentido, de felicidad… Dios no sólo sufre contigo ni como tú, sino que asume todas tus llagas, dolores, preocupaciones… ¡Bendito intercambio!

Traspasar la puerta de la misericordia es experimentar que todavía queda Alguien que te quiere por lo que eres, que te hace experimentar su abrazo a través del SACRAMENTO DEL PERDÓN. No nos autoengañemos: todos necesitamos del signo sacramental del perdón (confesión) que nos devuelva la dignidad de hijos.

Traspasar la puerta de la misericordia es experimentar cómo Dios asume tus heridas, tus fracasos, tus pecados… pero te constituye, al mismo tiempo, en bálsamo para los demás, en cirineo de otros crucificados que cargan con cruces injustas o insoportables. Te convierte, nada menos, que en otro Cristo… para que nadie se pierda. Y lleguen al conocimiento de la Verdad.

No sé vosotros, pero vuestro obispo quiere hacer un signo que desvele la misericordia del Padre a través de su pobre mediación: «peinar» todos y cada uno de los pueblos del Sobrarbe y de la Ribagorza visitando a los enfermos y ancianos que se hallan perdidos y abandonados en nuestros valles. Si alguno me quiere acompañar hay 3 plazas libres en mi coche. Urjo encarecidamente a cada Delegación diocesana, a cada parroquia, a cada grupo apostólico, movimiento, cofradía, comunidad religiosa o monasterio, que elijan también su signo a través del cual nuestra Diócesis visibilice que Dios verdaderamente ama a su pueblo.

Que el Señor nos bendiga copiosamente en este año de Gracia y Misericordia.

Con mi afecto y bendición.

Ángel Pérez Pueyo

Obispo de Barbastro-Monzón

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