Ahora y Siempre Ángel Pérez Pueyo

16 de septiembre de 2016

Cuentan que un padre, económicamente acomodado, quiso dar una lección a su hijo adolescente. Le invitó a pasar un fin de semana en un pueblecito del pirineo aragonés, en casa de una familia de campesinos que eran muy amigos.

Cuando regresaban en el coche su padre le preguntó expectante:

—¿Qué te ha parecido la experiencia?

Muy buena, contestó su hijo.

—Y... ¿qué te ha llamado la atención?

—¡Lo pobres que somos…! Replicó a bocajarro.

—Nosotros, en casa, sólo tenemos un perro. Ellos, en cambio, tienen cuatro y cientos de ovejas y vacas;

—Nosotros tenemos una piscina con agua estancada que llega hasta la mitad del jardín... Ellos, sin embargo, tienen un río que pasa por su finca, con agua cristalina, donde hay incluso peces. Y se puede pescar;

—Nosotros importamos linternas del Oriente para iluminar nuestro jardín... mientras que ellos lo alumbran con la luz de la luna y las estrellas;

—Nuestro patio llega hasta la cerca...y el de ellos se pierde en el horizonte;

—Nosotros oímos CD's... Ellos escuchan una perpetua sinfonía de gorriones, jilgueros, periquitos, ranas, sapos, gallinas y otros animalillos extraños;

—Nosotros, para protegernos, vivimos rodeados por un muro, con cámaras y alarmas.... Ellos viven con sus puertas abiertas, protegidos por la solidaridad y la amistad de sus vecinos;

—Nosotros vivimos 'colgados' y 'enganchados' a internet, al móvil, al portátil, a la tablet… Ellos, en cambio, están 'conectados' a la vida, al cielo, al sol, al agua, al verde del monte, a los animales, a su patrimonio artístico, a sus siembras, a su familia, a sus vecinos…

El padre, no volvió a abrir la boca en todo el viaje.

—¡Gracias papá, comentó el hijo cuando llegaron a casa, por haberme enseñado lo pobres que realmente somos… Y lo felices que se puede llegar a ser conviviendo y compartiendo con los demás la riqueza que uno lleva en su corazón, la que nos ofrece la naturaleza, los acontecimientos, la historia, cada persona...!

¿Quién dio lecciones a quién…? ¿No habremos invertido realmente el orden de la creación que Dios nos regaló para ser plenamente felices…?  ¡Qué razón tenía el Señor cuando desenmascaró a quienes desean tener dos amos, Dios y el dinero…! 

 

Barbastro, 21 de junio de 2016

Fiesta de San Ramón del Monte

Transcurridos ya dieciséis meses desde mi ordenación episcopal y toma de posesión como obispo de la Diócesis de Barbastro-Monzón, al igual que hiciera el Papa Francisco en la entrega del premio Carlomagno, en este día tan significativo en que conmemoramos el 900 aniversario del destierro de San Ramón del Monte, quisiera abriros mi corazón y compartir mi «sueño diocesano» con vosotros.

A medida que os voy conociendo y sirviendo me siento más conmovido y bendecido. Me emociona constatar las entrañas de este pueblo que supo emerger de sus propias cenizas cuando hace 80 años fue sembrada su tierra de mártires. La gracia de Dios y el testimonio de un puñado de sacerdotes, consagrados y fieles laicos, pusieron en evidencia que un nuevo comienzo era posible. Ni los escombros ni las cenizas pudieron extinguir la esperanza de un pueblo que supo poner a Dios como centro de su vida y a sus hijos como objeto de sus bendiciones. Y juntos volvieron a «sacralizar» sus templos y a reconstruir la casa común. Poco a poco fueron cerrándose las heridas y apagándose los reproches.

Sostenido por esta misma convicción, consciente de que el rescoldo de la fe sigue vivo, aunque aparentemente lo pueda ocultar sus cenizas, os invito a todos los hijos del Alto Aragón a impulsar un humanismo fresco y creativo inspirado en los valores que nos dejó Jesús de Nazaret; a redescubrir nuestra propia identidad, nuestra dignidad de hijos de un padre común que nos dejó como herencia una tierra hermosa y fértil; a buscar vías alternativas e in-novadoras que nos ayuden a construir «puentes» y derribar «muros»… con el único deseo de impulsar entre todos el bien común.

Este nuevo humanismo –como nos recordaba el Papa Francisco en su discurso– será capaz de integrar (convivir), comunicar (dialogar, involucrar a todos, propiciar el bien compartido) y generar una cultura del cambio en las nuevas generaciones. Son ellos sus verdaderos autores. Hemos de ofrecerles un trabajo digno, estable y bien remunerado, donde la distribución de los recursos y de los frutos sea justa y equitativa. Esto supone pasar de una economía líquida que tiende a favorecer la corrupción a una economía social que garantice tierra y techo gracias al trabajo como ámbito donde las personas y las comunidades puedan poner en juego todas las dimensiones de la vida. También la dimensión trascendente que, aunque no elimine los problemas, nos ayuda a afrontarlos y a darles un sentido nuevo. Si queremos mirar hacia un futuro que sea digno para todos los hijos del Alto Aragón sólo podremos lograrlo apostando por la «inclusión» que nos permita soñar con aquel humanismo que esta Diócesis supo acrisolar en el altar del sacrificio hasta convertirlo –como auguró el P. Aquilino Bocos– en «cátedra elocuente que enseña a morir de pie, entre el canto y el perdón». Sólo un pueblo, plagado de testigos, tocado por la Gracia, será capaz de reencontrar su propia identidad.

Sin nostalgia, con los pies bien plantados en el suelo, y con la firme confianza en Aquel que nos creó por amor para hacernos partícipes de su misma felicidad, os comparto humildemente a los pies de nuestro Patrono, San Ramón del Monte, mi «sueño diocesano»:

  • Sueño que llegará un día en que los/as hijos/as del Alto Aragón redescubran su verdadera identidad, sus profundas raíces cristianas y encuentren en Jesús de Nazaret el verdadero sentido de sus vidas y la plenitud que anhelan;
  • Sueño que llegará un día en que los/as hijos/as del Alto Aragón se integren en una única y misma «orquesta», afinada en clave de «Sol-Misión», donde cada uno descubra su propia singularidad, sus grandes potencialidades y se atreva a ponerlas al servicio de los demás, para que todos juntos (laicos, consagrados y ministros ordenados), bajo la batuta de Jesucristo, interpreten la melodía que la Escritura ofrece, en cada tiempo y lugar, a todos los hombres y mujeres para que puedan llegar a ser realmente felices, fecundos y libres;
  • Sueño que llegará un día en que los/as hijos/as del Alto Aragón se sientan acogidos, escuchados, respetados, queridos y sostenidos por los demás –especialmente los más desfavorecidos, pobres, marginados, enfermos, ancianos…–y no sean objeto de «descarte» simplemente por ser personas improductivas;
  • Sueño que llegará un día en que los/as hijos/as del Alto Aragón sean visitados y atendidos personal o pastoralmente en cada una de las comunidades cristianas o unidades pastorales por un «equipo en misión» –constituido por varios sacerdotes, consagrados y laicos comprometidos– que anuncien, celebren y compartan con ellos la fe y la vida;
  • Sueño que llegará un día en que los/as hijos/as del Alto Aragón –sobre todo los niños, adolescentes y jóvenes– sean educados libremente en aquellos valores que les construya como personas; respiren el aire limpio de la honestidad y de la trasparencia; puedan responder con sinceridad y autonomía: ¿desde dónde quieres Señor que te ame, te siga o te sirva? para que fructifiquen abundantes vocaciones sacerdotales, religiosas y laicales que ennoblezcan y enriquezcan nuestro pueblo;
  • Sueño que llegará un día en que los/as hijos/as del Alto Aragón se beneficien de unas medidas políticas justas y eficaces que favorezcan la vida familiar, donde casarse y tener hijos –más que un problema por no tener un trabajo digno y estable– sea una alegría y una urgente responsabilidad social; donde se respete la integridad, singularidad y dignidad de cada mujer, dándole además la libertad de tener los hijos cuando ellas decidan y de criarlos durante el tiempo que deseen sin que peligre ni su puesto de trabajo ni su salario laboral;
  • Sueño que llegará un día en que los/as hijos/as del Alto Aragón acojan –al margen de la raza, cultura, sexo, religión…– a los inmigrantes que llegan a nuestra tierra; los traten con dignidad; les ofrezcan un techo, un hogar digno, un salario justo y un contrato laboral en regla;
  • Sueño que llegará un día en que los/as hijos/as del Alto Aragón se sientan respetados al ejecutarse por fin la sentencia que la Signatura Apostólica (máximo tribunal eclesiástico) dictara en su momento y se entregue el patrimonio artístico de nuestra Diócesis que injusta e inexplicablemente está todavía retenido.
  • Sueño que llegará un día en que los/as hijos/as del Alto Aragón disfruten de la «ruta del románico» que, siguiendo el Camino de Santiago, ensancharía el alma de nuestro pueblo, generaría riqueza, cultura y arte, recrearía nuestros valores más genuinos, nuestras raíces cristianas… Esto permitiría además hacer de este conflicto –tan absurdo como estéril– una oportunidad de diálogo y colaboración entre las diferentes diócesis hermanas (Pamplona, Jaca, Huesca, Barbastro-Monzón, Lleida y la Seo de Urgell), entre las distintas comunidades autónomas (Aragón, Cataluña y Navarra) e incluso entre Estados diversos (España, Andorra y Francia).
  • Etc.

Aquel día todos descubriremos que los sacrificios de ayer o los esfuerzos de hoy no han sido en vano. Ojalá que el paso de los días o el peso de las dificultades no pueda matar mi «utopía» y sirva de estímulo para todos. Que San Ramón del Monte y Santa María del Pueyo que hizo posible el sueño más inaudito y esperado de la humanidad nos ayude a hacer realidad el nuestro.

Con mi afecto y bendición

Ángel Javier Pérez Pueyo

Obispo de la Diócesis de Barbastro-Monzón

17 de junio de 2016

Los cristianos también nos cuestionamos cómo afrontar la crisis global o el «cambio de época» que nos está tocando vivir. Nuestra respuesta sigue siendo el humanismo inspirado en los valores del Reino que nos dejó Jesús de Nazaret. Su modo de ser y de actuar, siempre fresco, nos ayuda a ser más libres, auténticos, felices y fecundos. Es lo que realmente continúa llenando de sentido y de plenitud la vida de tantísimas personas.

Basta con que nos preguntemos ¿qué nos está pasando?, ¿por qué con los ingentes recursos que tenemos se produce tanta injusticia, tantos empobrecidos, tantos excluidos?, ¿por qué resulta tan difícil respetar la dignidad del ser humano?... para que nos percatemos, sin engaños ni falacias,  de que la verdadera crisis que aqueja a la humanidad en el siglo XXI es antropológica, es decir, del modelo de hombre y de mujer que subyace. Es la advertencia profética que nos viene haciendo el Papa Francisco.

La economía, que debería estar al servicio del hombre, se ha constituido en el criterio último desde donde se organiza toda la vida social y cultural y esto ha producido una crisis económica que está generando  unas consecuencias muy graves:

Pensemos, por ejemplo, en el trabajo. Se había logrado que fuera un bien y un derecho de todo ser humano pero hoy se organiza en función de la máxima rentabilidad. El resultado, como nos ha advertido el Papa Francisco, es el descarte, la explotación, la injusticia, el incremento de empobrecidos. Convierte a la persona en mercancía, negando su dignidad como persona y deformando la humanidad. La vida social se organiza en función de la producción y del consumo y esto conlleva una deformación social que obliga a las personas y a las familias a adaptarse y someterse al sistema.

La cultura también se ha deformado dificultando nuestra realización personal. Para poder impulsar el sistema de producción y consumo, esta cultura «fabrica» personas adaptadas a su funcionamiento. Emerge, así, una cultura economicista: individualista y hedonista.

¡Buenos sí, pero no ingenuos! ¡Que no te vivan la vida! La matriz cultural de nuestra sociedad, lo reconozcamos o no, es de productores y consumidores. La cultura que nos ofrecen constituye un proyecto de realización y felicidad humana que nos deshumaniza. Los rasgos que definen esta cultura son el individualismo, el hedonismo, el consumismo, el relativismo y el subjetivismo. La consecuencia práctica es que ha emergido en la humanidad un ferviente secularismo, que no sólo nos insta a vivir como si Dios no existiera sino también a vivir sin los demás. Te  dejan perdido en la «jungla», a merced de tu propio interés y capricho.

Creo que los cristianos, aunque para muchos resulten arcaicos o moles­tos, tienen otra propuesta de realización y de felicidad humana. Más allá de los errores que a lo largo de la historia se hayan podido cometer, considero que otra forma de sentir, pensar y actuar es posible. Los rasgos fundamentales de este modo de vivir son, entre otros, la libertad (que todo el mundo esgrime hasta que alguien afronta cualquier temática religiosa y entonces se vuelven intolerantes), la comunión (buscar el bien común, el interés de los demás es lo que más nos humaniza), el servicio a los más desfavorecidos, la dignidad de la persona, la fraternidad (formamos parte de un proyecto común fascinante)… que constituyen la vocación propia de todo ser humano. Vivir para el otro, consciente de que no es mi competidor sino mi hermano, que me complementa y me plenifica cuando le tiendo la mano.

Ruego al Señor, como pedía el Papa Francisco, que nos regale políticos a quienes les duela de verdad la sociedad, el pueblo, la vida de los pobres. Que vivan la política como una altísima vocación de servicio a todos ya que es una de las formas más preciosas de la caridad.

Con mi afecto y bendición

Ángel Pérez Pueyo

Obispo de Barbastro-Monzón 

10 de junio de 2016

Acoger, escuchar y orientar han sido, con frecuencia, los verbos que más satisfacción y fecundidad apostólica me han proporcio­nado. He sido un afortunado porque Dios me  ha regalado la mediación de excelentes compañeros de camino que me han orientado con prudencia y sabiduría. Sus consejos y su testimonio de vida me han permitido crecer personal y ministerialmente. Como botón de muestra, os comparto alguno:

«Entierra lo que esté muerto en tu vida, sana lo que esté herido y potencia lo que esté vivo». Esta quiero que sea mi principal tarea con cada uno de los que estáis más implicados en la Diócesis: catequistas, animadores de la comunidad, equipo de pastoral juvenil, monitores de tiempo libre, profesores de religión, visitadores de enfermos y ministros extraordinarios de la comunión, voluntarios de Caritas, de Manos Unidas, de pastoral de la Salud, grupos de matrimonios jóvenes, lectores, acólitos, integrantes del coro parroquial, misioneros, consagrad@s, sacerdotes… Es muy importante ir creando en la Diócesis como un  «microclima» apropiado donde poder compartir la fe y la vida, formarse y madurar nuestra  propia vocación-misión. Agradezco sincera­mente al equipo de dirección de Cáritas Diocesana la inversión que va a hacer en Bruis para instalar la calefacción en todo el recinto. Ojalá convirtiéramos esa casa, bajo el amparo de Ntra. Sra., en nuestro «Betania» diocesano donde poder «descansar y crecer en el Señor» como lo hacía Él con sus discípulos.

«No dejes nunca en evidencia a nadie. Aunque tengas razón. Y menos, en público». Quiérele como es. Respeta su propio ritmo y proceso de madurez. Sólo así ganarás tu «autoridad moral». Las personas no cambiamos por  imperativo legal ni por voluntarismos, sino por «sobredosis» de cariño, de ternura, o de amor. 

«Procura unificar tu interior», esto es, integra en tu persona, el ser y el actuar. Que tu vida personal, familiar y profesional sean la fuente de tu propia santificación.  «Enraízala en la EUCARISTÍA (espiritualidad eucarística)» Sólo así tendrás la certeza de ser un «apóstol ardiente y creíble».

«Descubre, valora y potencia todos los carismas con que Dios ha adornado tu vida».  Ponlos al servicio de los demás. Sólo entonces sabrás lo que es ser fecundo de verdad.  

Y, como broche de oro, te regalo los diez consejos para ser feliz que el Papa Francisco compartió con un periodista paisano suyo:

1) «Vive y deja vivir». Es el primer paso para obtener paz y felicidad; 2) «Date a los demás». “Si uno se estanca, corre el riesgo de ser egoísta. Y el agua estancada es la primera que se corrompe”; 3) «Muévete remansadamente».  Es la capacidad de moverse con benevolencia y humil­dad. Los ancianos tienen esa sabiduría, son la memoria de un pueblo; 4) «Juega con los chicos». Con el consumismo hemos perdido la cultura del ocio, de la lectura, del arte… Una pregunta que siempre hago a las mamás es si juegan con sus hijos. Es la clave de una cultura sana.”; 5) «Comparte los domingos con la familia». Hace muy poco tuve un encuentro con universitarios y obreros. Todos reclamaban el domingo como no laborable. El domingo es para la familia”; 6) «Ayuda a los jóvenes a conseguir empleo». “Hay que ser creativos con esta franja de edad. Si faltan oportunidades, caen en la droga. Y está muy alto el índice de suicidios entre los jóvenes sin trabajo… No basta con darles de comer: hay que inventarles cursos de un año: de plomero, electricista, costurero. La dignidad te la da el llevar el pan a casa”; 7) «Cuida la naturaleza». “Hay que cuidar la creación y no lo estamos haciendo. Es uno de los desafíos más grandes que tenemos”; 8) «Olvídate rápido de lo negativo». “La necesidad de hablar mal del otro indica una baja auto­estima”; 9) «Respeta al que piensa distinto». “Podemos inquietar al otro desde el testimonio. Lo peor que puede haber es el proselitismo religioso. Cada uno dialoga desde su identidad. La Iglesia crece por atracción, no por proselitismo”; 10) «Busca activamente la paz». “Estamos viviendo en una época de muchas guerras. La guerra destruye. Y el clamor por la paz hay que gritarlo”.

Con mi afecto y bendición.

Ángel Pérez Pueyo

Obispo de Barbastro-Monzón

3 de junio de 2016

Cuentan que un señor se encontró con su vecino arrodillado en la escalera.

“¿Qué haces?”, le preguntó sorprendido: 

“Buscando las llaves”.

Arrodillados los dos prosiguieron la búsqueda infructuosamente. 

“Pero, ¿dónde las perdiste?”, comentó el vecino.

“En casa”.

“¡Bendito sea  Dios! ¿Por qué las buscas entonces aquí?”

“Porque aquí hay más luz”, le replicó ingenuamente.

Lo mismo nos ocurre a los seres humanos cuando hemos prescindido o perdido a Dios en nuestra vida. De nada nos vale, aunque haya más luz en la calle o en el templo, si donde lo perdimos realmente hace años fue en nuestro corazón. Vuelve a tu casa. Encontrarás las llaves que te permiten abrir la puerta de tu corazón. Te sorprenderá descubrir que en él todavía está ese «TÚ» en «TÍ», esperándote pacientemente. Se trata de ese «Otro Corazón», el de Jesús,  que sigue latiendo en el tuyo, aunque ni lo notes ni los sepas, porque nunca, nunca, nunca… te olvidó ni te abandonó.

Me emociona comprobar cómo el «Corazón de Jesús» sigue siendo muy amado por nuestro pueblo sencillo. A través de esta tradición, los hijos del Alto Aragón, han sabido expresar con hondura y autenticidad, al igual que tantos místicos o teólogos a lo largo de la historia, el símbolo genuino de la fe, el misterio profundo de la encarnación y de la redención.

A su manera, descubren que desde el horizonte infinito de su amor, Dios ha querido entrar en los límites de la historia, tomando un cuerpo y un corazón, para que podamos contemplar y encontrar el infinito en el finito, el Misterio invisible e inefable en el Corazón humano de Jesús.

Toda persona necesita tener un «centro» en su vida, un manantial de verdad y de bondad al que recurrir ante las contrariedades que la vida le depara. Necesitamos buscar las «llaves» en casa, las que nos permitan abrir nuestro corazón y reencontrarnos con Aquel que nunca dejó de estar en él.

Cada uno de nosotros, cuando se detiene en silencio, necesita sentir no sólo el palpitar de su corazón, sino, de manera más profunda, el palpitar de una presencia confiable, que se puede percibir con los sentidos de la fe y que, sin embargo, es mucho más real y auténtica: la presencia misma de Cristo, corazón del mundo.

Junto al Sagrado Corazón de Jesús os invito también a adentraros en el Corazón Inmaculado de María. Encomendarnos a María es garantía de éxito porque siempre nos remite a Cristo.

Termino estas líneas, -como hiciera el Papa Juan Pablo II en la catedral de Delhi en 1986-,  consagrando nuestra Diócesis y a todos sus hijos al Sagrado Corazón de Jesús:

Señor Jesucristo, Redentor del género humano, nos dirigimos a tu Sacratísimo Corazón con humildad y confianza. Te damos gracias por lo que eres y haces por esta pequeña grey esparcida por el Somontano, el Sobrarbe y la Ribagorza, el Bajo Cinca, el Cinca Medio y la Litera. Señor Jesucristo, Hijo de Dios Vivo, te alabamos por el amor que has revelado a través de tu Sagrado Corazón, que fue traspasado por nosotros y ha llegado a ser fuente de nuestra alegría, manantial de vida eterna. Al consagrarnos a Ti, los hijos del Alto Aragón queremos renovar nuestro deseo de corresponder con amor a tu misericordia. Señor Jesucristo, Fuente del amor y Príncipe de la paz, reina en nuestros corazones y en nuestros hogares. ¡Que todos proclamemos y demos gloria a Ti, al Padre y al Espíritu Santo, único Dios que vive y reina por los siglos de los siglos! Amén

Con mi afecto y bendición

Ángel Pérez Pueyo

Obispo de Barbastro-Monzón

 

Más artículos...

Página 11 de 21

11