22 de diciembre de 2017

Cuando llegue a tus manos «Iglesia en Aragón», que puntual y diligentemente reparte cada semana una «patrulla de mensajeros» anónimos, auténticos «sembradores de esperanza» en nuestra Diócesis, estaremos a las puertas del GRAN ACONTECIMIENTO, la Encarnación del Hijo de Dios.

Dios en persona quiere ser tu huésped. Busca corazones para «habitar». Después de un breve tiempo de preparación durante el adviento, con alegría contenida, estamos expectantes ante su venida. De la mano del profeta Isaías, atónitos y desconcertados, hemos experimentado el paso salvador de Dios en nuestras vidas; de la mano de Juan el Bautista, hemos constatado que la conversión (cambio de chip) es el mejor atajo para llegar a Dios; y de la mano de María, barruntamos que algo grande se está gestando en nuestro interior… Dios, en persona, quiere «implicarte» en su proyecto liberador de la humanidad. Y con su venida, obrar en ti su «re-creación» personal y social.

Cuando lo más fácil era tener miedo, María supo confiarse a Dios; cuando lo más fácil era desentenderse, María se comprometió por la causa de los hombres más desfavorecidos; cuando lo más fácil era aceptar la infecundidad de nuestra vida, María nos mostró cómo hacer germinar en nuestros corazones la GRACIA de Dios. Con su sí, María devolvió al mundo y a los hombres la alegría y la esperanza que habían perdido.

Gracias por aceptar ser «la estrella del belén» que orienta y conduce a todos los hombres hasta Dios. Gracias por regalarte, por hacer de tu vida un verdadero don para los más necesitados. Gracias por ofrecer tu valioso tiempo, tus múltiples cualidades, tu propia vida para que todos tengamos más vida, más libertad, mayor plenitud de sentido. Gracias también por tu donativo solidario.

Perdona mi osadía si me atrevo a «provocarte» sugiriéndote que cada día, como «caricia de Dios», introduzcas en tu «hucha solidaria», unos céntimos destinados a las personas que la sociedad «descarta» o «ignora». Sólo con 0,50 € diarios, podrías desgravar, si lo deseas, hasta el 75%. Pero, más allá de lo que te ahorres, lo más importante es PREVER (fidelizar) la ayuda que tendríamos que ofrecer a nuestros pobres y no tener que depender de las subvenciones que los «poderes públicos» otorgan en función de sus criterios. Con los céntimos que echan la mayoría de nuestros mayores en el cepillo o algunos «billetes azules» de los más pudientes, la cuota de socio, los donativos o los legados que vamos recibiendo… podríamos sostener a los que la sociedad excluye. El milagro está en que muchos pocos hacen más que pocos muchos. Hazte socio de Cáritas. «¡Sé parte de este compromiso en la Diócesis!».

Abre bien tus ojos. Descubre a Dios en la hermosa naturaleza de esta tierra, entre su gente noble y sencilla, en su historia, en los acontecimientos humildes de la vida de nuestro pueblo recio y generoso. Descúbrele en tu familia. En tu parroquia, en las personas más cercanas que colaboran contigo, en tus sacerdotes, consagrad@s, monjes y monjas de clausura, en tantos seglares que conforman las comunidades parroquiales, catequistas, voluntarios, animadores de la comunidad, agentes de pastoral, grupos apostólicos, movimientos, cofradías… que prestan un SERVICIO inestimable en nuestra Diócesis. Descúbrele en tu trabajo que ilumina y llena de sentido tu vida… Descúbrele en tus vecinos, en tus paisanos y amigos. También en los más pobres y desheredados, en los enfermos, en los que no tienen un trabajo digno, en las mujeres maltratadas, en los ancianos que están solos, en los jóvenes abandonados a su propia suerte, en los niños… que tantas veces han perdido su verdadero rostro y dignidad.

¡Enciende esta noche tu estrella e ilumina el corazón de tu hogar, de tu vecindad, de tu pueblo, de tu parroquia, de tu diócesis, de la humanidad! ¡Conviértete en bálsamo de todas aquellas personas que te encuentres heridas, rotas, perdidas, vacías, desilusionadas…! Regálales al Dios que ha nacido en tus entrañas. Serán las navidades más alegres y fecundas de tu vida.

Con mi afecto y bendición ¡Feliz navidad para todos…!

Ángel Pérez Pueyo

Obispo de Barbastro-Monzón

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