18 de noviembre de 2016

Coronamos este año de «gracia y clemencia» que inauguró el Papa Francisco el 8 de diciembre de 2015 con la fiesta de Cristo Rey. Singular y paradójica resulta la forma que Jesucristo tuvo de encarnar su realeza y de prodigar la misericordia del Padre. Reinó desde el trono de la cruz. Su corona fue labrada con espinas; su cetro fue una caña; su púrpura, un manto raído; sus armas, la justicia y la verdad; su ley, el amor; su fuerza y su poder, la humildad. Para Él reinar fue servir.

Los hijos del Alto Aragón, aunque cerremos la «puerta santa» de la catedral de Barbastro y de Monzón, de la Iglesia parroquial de San Pedro Apóstol en Fraga y de San Miguel en Graus o la del Santuario de Torreciudad, dejaremos entreabiertas las puertas de nuestro corazón —como verdaderos «templos vivos de Dios» que somos— para constituirnos en «apóstoles de calle» o en «cirineos ambulantes», saliendo a los caminos para invitar a todos los que estén fuera del hogar a regresar a casa o para cargar sobre nuestros hombros a cuantos se sientan heridos, maltrechos o extenuados.

«Tamtam Comunicación Sc» y el «Equipo de Medios de Comuni­cación» de nuestra Diócesis nos han hecho un regalo espléndido, al ofrecernos este «logo» con el que podemos identificar el desafío que los creyentes del Alto Aragón queremos asumir como expresión de nuestra identidad cristiana y de nuestro compromiso social con cada uno de los pueblos (250) y vecinos (105.839) que integran nuestra Diócesis de Barbastro-Monzón.

Sellad en vuestro corazón, a sangre y fuego, nuestro identikit diocesano (imagen corporativa) que nos recuerde que en la «CRUZ llagada», Cristo Jesús, ha cargado con todas nuestras «heridas» (llagas, miserias, flaquezas, pecados…) y se muestra como REY vencedor del pecado y de la muerte. La promesa que le hiciera a Dimas (el ladrón arrepentido) deja constancia de esta victoria, y es garantía de nuestra esperanza cristiana. A partir de la muerte de Jesús, que es también su glorificación (de ahí el color dorado de la cruz llagada), están abiertas las puertas del paraíso y queda inaugurado el reino de la resurrección de los muertos.

Al mismo tiempo en el «logo» se desvela nuestra identidad misionera y martirial (color granate de las letras). Barbastro-Monzón, regada con la sangre inocente de su «pastor» (Báculo del Beato Florentino) y la de un ingente número de sacerdotes, religios@s y seglares de su grey, ha quedado «afinada» (orquesta) para que resuene eternamente la Buena Notica en todo el Alto Aragón (simbolizado por el monte nevado que se divisa desde Roda de Isábena, origen de nuestra Diócesis).

¡Fascinante encomienda, aunque ardua y delicada, la que hoy os confía vuestro pastor al clausurar el año de la misericordia…! Pero, ¡cómo podríamos permanecer impasibles por más tiempo ante tantos hermanos nuestros que se «desangran» a nuestro lado por la soledad o el desamor! ¡Cómo íbamos a quedarnos tranquilos cuando tantas personas se sienten engañadas, utilizadas, manejadas, ninguneadas…! ¡Cómo ser insensibles ante los fracasos, frustraciones, caídas nuestras o de los demás…! ¡Cómo mantener la calma o la serenidad cuando tantos se sienten angustiados, abatidos, decepcionados…! ¡Cómo ser fríos cuando nos niegan «el pan y la sal» o se nos cierran todas las puertas...! ¡Cómo permanecer indiferentes cuando una enfermedad o un contratiempo inesperado desbaratan todos nuestros planes o proyectos…!

Haced entrar y cobijad a todos estos hijos del Alto Aragón, hermanos nuestros “cuyo corazón está roto, herido, vacío, deshabitado…”, por la puerta que quedó entreabierta (estigma) del costado de Cristo. Y servidles vosotros mismos como bálsamo y caricia de Dios.

Con mi afecto y bendición

Ángel Pérez Pueyo

Obispo de Barbastro-Monzón