10 de junio de 2016

Acoger, escuchar y orientar han sido, con frecuencia, los verbos que más satisfacción y fecundidad apostólica me han proporcio­nado. He sido un afortunado porque Dios me  ha regalado la mediación de excelentes compañeros de camino que me han orientado con prudencia y sabiduría. Sus consejos y su testimonio de vida me han permitido crecer personal y ministerialmente. Como botón de muestra, os comparto alguno:

«Entierra lo que esté muerto en tu vida, sana lo que esté herido y potencia lo que esté vivo». Esta quiero que sea mi principal tarea con cada uno de los que estáis más implicados en la Diócesis: catequistas, animadores de la comunidad, equipo de pastoral juvenil, monitores de tiempo libre, profesores de religión, visitadores de enfermos y ministros extraordinarios de la comunión, voluntarios de Caritas, de Manos Unidas, de pastoral de la Salud, grupos de matrimonios jóvenes, lectores, acólitos, integrantes del coro parroquial, misioneros, consagrad@s, sacerdotes… Es muy importante ir creando en la Diócesis como un  «microclima» apropiado donde poder compartir la fe y la vida, formarse y madurar nuestra  propia vocación-misión. Agradezco sincera­mente al equipo de dirección de Cáritas Diocesana la inversión que va a hacer en Bruis para instalar la calefacción en todo el recinto. Ojalá convirtiéramos esa casa, bajo el amparo de Ntra. Sra., en nuestro «Betania» diocesano donde poder «descansar y crecer en el Señor» como lo hacía Él con sus discípulos.

«No dejes nunca en evidencia a nadie. Aunque tengas razón. Y menos, en público». Quiérele como es. Respeta su propio ritmo y proceso de madurez. Sólo así ganarás tu «autoridad moral». Las personas no cambiamos por  imperativo legal ni por voluntarismos, sino por «sobredosis» de cariño, de ternura, o de amor. 

«Procura unificar tu interior», esto es, integra en tu persona, el ser y el actuar. Que tu vida personal, familiar y profesional sean la fuente de tu propia santificación.  «Enraízala en la EUCARISTÍA (espiritualidad eucarística)» Sólo así tendrás la certeza de ser un «apóstol ardiente y creíble».

«Descubre, valora y potencia todos los carismas con que Dios ha adornado tu vida».  Ponlos al servicio de los demás. Sólo entonces sabrás lo que es ser fecundo de verdad.  

Y, como broche de oro, te regalo los diez consejos para ser feliz que el Papa Francisco compartió con un periodista paisano suyo:

1) «Vive y deja vivir». Es el primer paso para obtener paz y felicidad; 2) «Date a los demás». “Si uno se estanca, corre el riesgo de ser egoísta. Y el agua estancada es la primera que se corrompe”; 3) «Muévete remansadamente».  Es la capacidad de moverse con benevolencia y humil­dad. Los ancianos tienen esa sabiduría, son la memoria de un pueblo; 4) «Juega con los chicos». Con el consumismo hemos perdido la cultura del ocio, de la lectura, del arte… Una pregunta que siempre hago a las mamás es si juegan con sus hijos. Es la clave de una cultura sana.”; 5) «Comparte los domingos con la familia». Hace muy poco tuve un encuentro con universitarios y obreros. Todos reclamaban el domingo como no laborable. El domingo es para la familia”; 6) «Ayuda a los jóvenes a conseguir empleo». “Hay que ser creativos con esta franja de edad. Si faltan oportunidades, caen en la droga. Y está muy alto el índice de suicidios entre los jóvenes sin trabajo… No basta con darles de comer: hay que inventarles cursos de un año: de plomero, electricista, costurero. La dignidad te la da el llevar el pan a casa”; 7) «Cuida la naturaleza». “Hay que cuidar la creación y no lo estamos haciendo. Es uno de los desafíos más grandes que tenemos”; 8) «Olvídate rápido de lo negativo». “La necesidad de hablar mal del otro indica una baja auto­estima”; 9) «Respeta al que piensa distinto». “Podemos inquietar al otro desde el testimonio. Lo peor que puede haber es el proselitismo religioso. Cada uno dialoga desde su identidad. La Iglesia crece por atracción, no por proselitismo”; 10) «Busca activamente la paz». “Estamos viviendo en una época de muchas guerras. La guerra destruye. Y el clamor por la paz hay que gritarlo”.

Con mi afecto y bendición.

Ángel Pérez Pueyo

Obispo de Barbastro-Monzón