20 de mayo de 2016

La Constitución Española garantiza «el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus convicciones». (Art. 27,3). Teniendo en cuenta esto pienso si no es urgente, ahora mismo, y en aras de la verdad, revertir la opinión pública sobre el tema de “la religión en la escuela”.. Porque la verdad es, aunque ciertos intereses partidistas la quieran negar, que la educación religiosa en la escuela no es un privilegio de unos pocos, sino que es un derecho de todos y que, sin esa educación, los hijos de las próximas generaciones se verán privados de una dimensión constitutiva propia de todo ser humano como es la dimensión trascendente.

Cuando me ha tocado bucear por el corazón de muchos jóvenes, escucharles, consolarles, sanar sus heridas, tratar de restituir su dignidad perdida… enseguida he descubierto que el ideal de persona que “han copiado” de la sociedad que les rodea no es el ideal cristiano propuesto por Jesús de Nazaret. Muchas veces “los valores sociales” son el individualismo, hedonismo, consumismo, relativismo, subjetivismo y secularismo.  Y yo creo que existen otras propuestas de realización y de felicidad humana. Creo que existe una forma distinta de sentir, pensar y actuar que se fundamenta en  estas cuatro “leyes”  de signo cristiano:

1.- La comunión. No somos individuos aislados. Somos seres singulares. Somos personas. Nuestra humanidad se realiza en la comunión interpersonal y social con los demás y con Dios. Lo que nos humaniza es buscar cada uno el interés de los demás.

2.- El servicio. No estamos para competir sino para colaborar por una existencia digna para todos. El camino de felicidad no es el consumismo sino el poner la vida al servicio de los demás para que vivan.

3.- La dignidad humana y la libertad. Existen valores universales. Nuestra libertad no consiste tanto en poder elegir, desechar, cambiar, cuanto en buscar juntos, desde la diversidad, la verdad y conformar nuestra vida desde ella.

4.- La fraternidad. Formamos parte de un proyecto común que podemos construir juntos desde nuestra libertad. Somos una sola familia humana. Reconocer esta realidad es lo que nos humaniza.

Desde estas “leyes” creo que la clave de una vida con sentido es entender que lo esencial de todo ser humano es la vocación a la comunión en el amor y la libertad. Es vivir para los demás, para que los otros vivan. Los demás no son mis competidores sino los que hacen posible mi propia realización y felicidad.

Todo esto no se aprende de golpe. Se aprende, en primer lugar y de forma progresiva, en la familia y, en segundo lugar y de forma subsidiaria, en la escuela y en la Iglesia. Hoy también a través de las redes sociales… La educación no es neutra. Y hoy hay quienes, amparándose en un puñado de votos conseguidos a cualquier precio, pretenden generar un pensamiento único y hacer callar la conciencia del que piensa diferente Hay que desenmascarar esta falacia. No te juegues el futuro de tus hijos, su educación, su porvenir, a la «ruleta rusa».

Una buena educación es la mejor herencia que puedes dejar a tus hijos. Te propongo que elijas muy bien el centro al que los llevas y que pidas que les ofrezcan religión católica. Lo progre, lo moderno, lo liberal… sería, a mi juicio, que cada uno pudiera escoger el centro escolar y los valores educativos que conforman el modelo de hombre y de mujer que la sociedad necesita. Ojalá que nuestros jóvenes no tengan que acusar un día a sus padres de haberles “estafado” por haberles privado de aquella dimensión constitutiva de su persona que, aunque no les suprimiera los problemas, iluminaba y daba pleno sentido a su vida. Y es que, aunque nos neguemos a aceptarlo, hemos sido creados, como decía san Agustín, con un corazón que sólo puede ser satisfecho realmente por Aquel que lo ha creado.

Con mi afecto y bendición

Ángel Pérez Pueyo

Obispo de Barbastro-Monzón

Joomla SEO powered by JoomSEF