8 de abril de 2016

«LA REVOLUCIÓN DE LA TERNURA, SE LLAMA MISERICORDIA»

«Soportar con paciencia los defectos de los otros»

No siempre es fácil ni posible. El único secreto que acierto a compartir, a la luz del Evangelio, es invitaros a que seáis un «taburete» para el otro. A ver si logro explicarme.  Tal vez con esta imagen inocente pueda resultar más claro: «Cuentan que un monje se escapaba todas las noches del monasterio.  Para saltar la tapia colocaba un taburete junto a la ventana. A la vuelta lo recogía para la noche siguiente.  Nadie habla­ba de ello.  Toda la comunidad era consciente. El Abad también. Sin embargo, no sabía cómo ayudarle. Pensó reprenderle, pero si lo hacía tenía la certeza de que lo perdería. Quiso expulsarlo pero expulsándolo era condenarlo de antemano. Hasta que una noche, el Abad quitó el taburete y se colocó él agachado esperándole. Éste, cuando volvió saltó sobre la espalda del Abad. El Abad se incorporó sin una queja  y le saludó con una leve inclinación.  Nadie se enteró.  Nadie pidió perdón y nadie se sintió obligado a otorgarlo.  Aquel monje nunca volvió a escaparse por la ventana».

No sólo en las comunidades de consagrados se viven situaciones parecidas. También en nuestros hogares tenemos que cargar con las limitaciones y miserias ajenas. Los amigos, los escogemos. Los hermanos, nos vienen dados. Son un regalo, aunque a veces nos mortifiquen.

El entorno laboral es un terreno propicio para que muchas veces surjan roces, malas caras y discusiones… dejando al descubierto la incapacidad de las personas para aceptarse y tolerarse con los propios defectos, con las propias flaquezas.

”En casi todos los trabajos –según me comentaba el responsable de Recursos Humanos de un grupo hotelero– suelen darse los mismos problemas en lo que se refiere a la relaciones de la convivencia: egoísmo, prepotencia, pereza, falta de colaboración, envidias, zancadillas, guerras internas, etc… Lo importante es no dejar que esos fallos, que son muy humanos, ganen terreno”.

Por eso me decía que “la paciencia con los compañeros, con los jefes y con los empleados es clave para crear un clima positivo, en el que se valore más a los otros por lo que tienen de bueno que por lo que no nos gusta de ellos”.

De igual modo “pasa en el matrimonio, en la familia, con los amigos o en la vida comunitaria”. En muchas ocasiones “la paciencia tiene que ir de la mano de la mansedumbre y de la humildad, para saber pedir perdón, incluso cuando uno no tiene la culpa”. El Papa Francisco, nos recuerda que hay tres palabras que deben estar a flor de piel: «gracias», «permiso», «perdón».

Sólo cuando la miseria humana se ve acorralada por el buen corazón, que es reflejo del amor y de la misericordia de Dios, el que falla logra ir venciendo los defectos; y el que está a su lado, logra ir venciendo la impaciencia.

¡Qué fácil es ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el nuestro! Cuando no resaltamos los defectos o flaquezas del prójimo estamos colaborando en la construcción del Reino de Dios. Tengamos paciencia con las flaquezas y defectos de los ancianos, de los niños, de los vecinos, de los compañeros de trabajo, de las personas con las que convivimos… y ellos la tendrán también con nosotros.

Con mi afecto y bendición.

Ángel Pérez Pueyo

Obispo de Barbastro-Monzón

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