19 de diciembre de 2016

«LA REVOLUCIÓN DE LA TERNURA, SE LLAMA MISERICORDIA»

¡Socorrer a los presos!

Estuve en la cárcel –según relata Mateo en su evangelio– y vinisteis a verme». Es la sexta obra corporal de misericordia. Una cárcel no es un lugar al que se vaya voluntaria y gustosamente. A no ser que uno integre esa «patrulla» cualificada de voluntarios que visitan a los presos o sea uno de los sacerdotes capellanes.

En la cárcel puede captarse pobreza material e indigencia espiritual y psicológica. De esto fui testigo en las dos visitas que hice a la cárcel del Rodeo II en Venezuela. Ha sido, sin duda, la experiencia pastoral más fuerte y evangélica que he vivido y me conmovió. Como nunca, experimenté la «ternura de Dios» y que su amor misericordioso es más fuerte que los delitos que alguien haya podido cometer. Cuando estas personas son atendidas por la Iglesia experimentan que Dios puede restaurar su vida y su esperanza, que sana sus heridas y adicciones, que ayuda a caminar… Sólo la Misericordia de Dios es capaz de hacer este milagro.

Los obispos de Aragón me han encargado la coordinación de la pastoral penitenciaria en nuestra región eclesiástica. Sé que la pastoral penitenciaria es mediadora de la misericordia de Dios y que el preso necesita amor y perdón. En la cárcel todos deben sentir que Dios perdona, acompaña y ama. Muchos de los internos tienen su primera experiencia de fe en la cárcel. Deben descubrir que son los «hijos pródigos» que vuelven a la casa del Padre y que Dios que siempre les ha estado esperando con los brazos abiertos de amor.

Ojalá sepa estar a la altura de estos hermanos nuestros, más frágiles y vulnerables. Necesitaré, una vez más, vuestra oración y vuestra inestimable colaboración. 

 

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