12 de diciembre de 2016

«LA REVOLUCIÓN DE LA TERNURA, SE LLAMA MISERICORDIA»

Visitar al enfermo

Permitidme que abra mi corazón y comparta con vosotros las lecciones de vida que me ha ofrecido la enfermedad de mi hermana por si os sirve de alivio a quienes os toque vivir situaciones parecidas.

Todavía recuerdo, siendo muy niño, agarrado al cochecito donde mi madre llevaba a mi hermana Conchita, una escena que se repitió frecuentemente y que yo no había sabido procesar hasta ahora. Las vecinas, se acercaban para hacerle carantoñas. Y solían comentar: ¡Qué guapa…! Y repetían, por segunda vez, ¡qué guapa…! Y, a la tercera, indefectiblemente, les salía del alma, esta exclamación: ¡qué pena…! Mi madre, siempre guardó silencio, entornando sus ojos con dolor.

Ahora que ya han fallecido mis padres y mi hermana, descubro y valoro que en mi casa la fuente de vida y de alegría fue mi hermana. No necesité que nadie me enseñara lo que significaba estar atento, servir, compartir, ayudar… Han tenido que pasar, sin embargo, muchos años para llegar a entender lo más profundo: que ella formaba parte del Plan de salvación  de Dios, no sólo en mi vida, sino también en mi propia vocación.

La lectura de un libro de Henri Nouwen me ayudó a entenderlo.  En él se describe la historia vocacional de Ádam, un joven disminuido psíquico, a quien él cuidó. Describe la presencia y el  amor de Dios en aquel enfermo y cómo él se sentía su hijo amado. Fue en el mundo testigo silencioso del amor de Dios y reveló a todos cómo Dios se manifiesta en la debilidad. El amor es más fuerte que nada y la vida del cielo después más valiosa que la de la tierra. 

Me conmueve reconocer que esta historia es mi propia historia, es la historia de mi hermana, en debilidad, en  dependencia, pero también en fuerza, autenticidad y ofrenda. A mí me costó muchísimo llegar a adentrarme en este MISTERIO… Ojalá quienes tengáis personas enfermas en vuestro hogar lo percibáis como un verdadero DON que os hablará de Dios y os conducirá hasta Él.