29 de enero de 2016

«LA REVOLUCIÓN DE LA TERNURA, SE LLAMA MISERICORDIA»

¡También yo fui forastero…!

Por si fuera poco complicada la vida de un matrimonio, enfermeros ambos, con cuatro hijos, me cuentan que Daniel y su esposa acaban de remodelar su casa para acoger a inmigrantes subsaharianos.

«Cuando valoré con mi esposa que ya no podíamos irnos de misiones por nuestra situación familiar, comenta Daniel, le pedimos a Dios que nos mostrase cómo  podíamos seguir trabajando por la justicia». Y el Espíritu nos impulsó a responder con esta humilde iniciativa. «Enseguida vimos la necesidad de acoger en nuestra casa a algunos inmigrantes africanos. Eran los que peor lo tenían no sólo por su situación legal, sino también sanitaria y psicológica». Colaboran con nosotros quince voluntarios enseñándoles a trabajar, a arreglar sus papeles y a aprender nuestra lengua española. «Los inmigrantes se sienten parte de nuestra familia. Están con nosotros año y medio, y después procuramos buscarles una salida laboral.

Por mi parte, todavía como «aprendiz de pastor», en la primera reunión que mantuve con el Consejo Diocesano de Cáritas, manifesté mi deseo ardiente de visitar a los que llegaban a nuestra tierra para trabajar los campos. Tenía interés en saber dónde vivían y en qué condiciones. Las elecciones municipales, primero, y las generales, después, aconsejaron posponer dicha visita. Aunque queda pendiente, la promesa sigue en pie.

Me siento orgulloso de los proyectos y acciones de Cáritas diocesana cumplidos gracias a vuestra generosidad y al apoyo impagable de tantos voluntarios. En alguna otra reseña los iré detallando con el deseo de animar a nuestros jóvenes a colaborar con ellos.

Expreso mi afecto y ternura a cuantos llegan a nuestra Diócesis con la esperanza de abrirse camino y construir una nueva vida.

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