15 de enero de 2016

«LA REVOLUCIÓN DE LA TERNURA, SE LLAMA MISERICORDIA»

¡Dadles vosotros de comer! Lc 9,13

En la bula «Misericordiae vultus» (el rostro de la misericordia) con la que el Papa Francisco ha convocado este Año Jubilar, nos propone las obras de misericordia como vivencia concreta de la caridad.

A lo largo de las próximas semanas voy a tratar de ir desgranando con ejemplos concretos que conozco o que me vayáis contando, las catorce obras de misericordia, tanto las siete corporales[1ª) dar de comer al hambriento; 2ª dar de beber al sediento; 3ª) dar posada al peregrino; 4ª) vestir al desnudo; 5ª) Visitar al enfermo; 6ª) Socorrer a los presos; 7ª) enterrar a los muertos;] como las siete espirituales [1ª) Enseñar al que no sabe; 2ª) Dar buen consejo al que lo necesita; 3ª) Corregir al que yerra; 4ª) Perdonar las injurias; 5ª) Consolar al triste; 6ª) Sufrir con paciencia los defectos de los demás; 7ª) Pedir por los vivos y difuntos] con el deseo de estimular la sensibilidad y creatividad, especialmente de los más jóvenes, para impulsar en nuestra Diócesis una verdadera «revolución» de la ternura de Dios con sus hij@s en el Alto Aragón.

Me cuenta mi amigo Carlos Mendi que en Madrid hay un comedor atendido por las Siervas de Jesús en el barrio de Vallecas que sirve a los pobres 500 comidas al día, más las que reparte en tuppers a las familias que prefieren dar de comer a sus hijos en casa.

Aunque el menú cambia, el cariño de las monjas y de los voluntarios es el pan nuestro de cada día. Allí se da de comer al hambriento. La hermana Encarnación, responsable del comedor, explica que «en el comedor se ven todos los tipos de miseria que hacen sufrir a las personas…»

Tu miseria, tu pena, tu preocupación, tu enfermedad, tu soledad…se la vamos a traspasar al corazón de Jesús (la «cruz llagada» que se entregó al comenzar el Año Jubilar), que siempre se estremece por los más débiles, pobres, indigentes. En su vida pública, Jesús dio de comer a los hambrientos; y hoy lo sigue haciendo, pidiéndonos que lo hagamos en su nombre. Hoy, desgraciadamente, en España, en nuestra Diócesis sigue habiendo familias enteras, aunque no lo digan por vergüenza, que pasan hambre…

L@s católic@s no podemos mirar para otro lado como si no lo viéramos o no nos enteráramos. El Año de la Misericordia puede ser un momento magnífico para crear donde hiciere falta un comedor, bien ayudar en él a repartir la comida, o bien conseguirla. De esta forma daremos de comer a Cristo mismo, ofreciendo comida a los hambrientos en nombre de Dios, tal como refiere el Evangelio: «todo lo que hacéis por uno de estos hermanos míos más humildes, a mí me lo hicisteis» (Mt 25,40).

La conversión para vivir los valores del Reino pasa por compartir solidariamente según nos exhorta Juan el bautista: «El que tenga dos vestidos que le dé uno al que no tiene; y el que tenga alimentos, que comparta con el que no tiene» (Lucas 3, 11).

A los pobres siempre los tendremos entre nosotros y lo mejor es ayudarles a salir de la pobreza; pero, en tanto que los poderes públicos no lo consigan, habrá que proporcionarles medios materiales para que puedan sobrevivir, no desfallezcan, ni se mueran.

También en nuestra Diócesis, según me comentó el Director de Cáritas Diocesana, hubo una iniciativa conmovedora estas Navidades en Monzón. Amén de las bolsas de comida que las diferentes Cáritas parroquiales reparten mensualmente, un grupo de empresas ofreció en «noche buena» a 70 familias necesitadas, una cena caliente servida a domicilio por un restaurante de la localidad. Me conmueve que l@shij@s del Alto Aragón tengan entrañas maternas y sean tan sensibles, en estos días, para ofrecer no sólo comida caliente sino también calor y color de fraternidad.

Cómo me gustaría que los jóvenes que participen en las «noches claras», que comienzan el próximo 22 de enero en el convento de las clarisas de Monzón a las 20 horas, pudieran comprometerse con una acción solidaria puntual cada mes. La primera, está servida, repartir trescientos «bocatas y zumos» para dar de merendar a los niños de los que sólo pueden ofrecer a sus hijos una comida al día.

Comenzamos con acciones puntuales y concretas la revolución de la ternura que Jesucristo quiere obrar en nuestra Diócesis. Obras son amores y no buenas razones. Gracias, una vez más, por secundar estas iniciativas que aprendimos del Maestro y que nos permitirán hacer visible nítidamente los valores del Reino en nuestra Diócesis.

Con mi afecto y bendición

Ángel Pérez Pueyo

Obispo de Barbastro-Monzón 

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