18 de diciembre de 2015

Hace unos días, rebuscando entre mis papeles, me encontré un regalo inesperado. Era la carta que escribió Javi como trabajo de navidad en el colegio «Maestro Ávila» de Salamanca, donde había sido su tutor y profesor de religión.

–«Querido Jesús: No despiertes a los pastores, no molestes a los ángeles, ni hagas caminar en vano a los magos desde oriente. ¡Quédate en el cielo! No vuelvas. No vale la pena. Nadie te está esperando (…)Javi».

Cada vez que la releo me conmueve. Quizá porque me siento delatado. Y ardo en deseos por saber cuál hubiera sido su respuesta de haber sido su interlocutor. Intuyo que me habría respondido en estos términos:

–«Mi querido Ángel, tienes razón. No voy a volver porque ?aunque ni me veas ni me sientas? realmente nunca me marché. Abre bien tus ojos. Descúbreme en la hermosa naturaleza de esta tierra que te he confiado pastorear. Descúbreme entre sus gentes, en su historia, en los acontecimientos sencillos de la vida de este pueblo noble, recio y generoso. Descúbreme en sus familias. Descúbreme en las personas más cercanas que colaboran contigo, en tus sacerdotes, consagrad@s, monjes y monjas de clausura, en tantos seglares que conforman las comunidades parroquiales, los grupos apostólicos, movimientos, cofradías… de la Diócesis. Descúbreme en el ejercicio diario de tu ministerio episcopal, en tu propio interior, en el pan y vino sobre el altar, en la Palabra que ilumina y llena de sentido tu vida… Descúbreme en los pobres y en los que perdieron su rostro, en los enfermos, en los ancianos, en los jóvenes, en los niños. Hazme crecer y alúmbrame en el corazón del mundo. No tengo otros labios que los tuyos con que pronunciar las palabras sagradas, no tengo otras manos que las tuyas con las que estrechar a toda la humanidad que cada día le pesa más el silencio de Dios en sus vidas (…)».

Labios y manos que junto a los de nuestros sacerdotes podrán perpetuar en el altar el MISTERIO de la Encarnación, verdadero bálsamo de Dios para el mundo.

Esta es mi mejor felicitación navideña para cada uno de los hombres y mujeres del Alto Aragón. Confío que la tuya sea también ofrecer tu propia vida como signo de esperanza para todos. Cuento contigo.

¡Enciende esta noche tu estrella e ilumina el corazón de tu hogar, de tu vecindad, de tu pueblo, de tu diócesis, de la humanidad! ¡Conviértete en bálsamo de todas aquellas personas que te encuentres heridas, rotas, perdidas, vacías, desilusionadas…! Regálales al Dios que ha nacido en tus entrañas. La revolución de la ternura, en este año jubilar, se llama MISERICORDIA.

¡FELIZ NAVIDAD PARA TODOS…!

Ángel Pérez Pueyo

Obispo de Barbastro-Monzón