20 de noviembre de 2015

«¡Déjate curar!» (1)

Lc 15,11-32

Nos está tocando vivir tiempos recios, marcados por la inestabilidad e incertidumbre social, política y económica. La mayoría de las personas experimentan, con frecuencia, no sólo esta inclemencia exterior sino también un profundo desarraigo y desgarro interior que suele dejarlas «tocadas», «deshabitadas», «desorientadas», «solas», «va­cías», «rotas»…

El Papa Francisco, tan sensible a las necesidades humanas y con esas «entrañas de madre-padre» que le caracterizan, ha convocado un tiempo de GRACIA, el jubileo extraordinario de la misericordia, para que cada uno de sus hijos pueda volver a casa, sanar sus heridas –por profundas que sean–, y experimentar la «ternura»y la «caricia» de Dios.

El logotipo que ha escogido –obra del jesuita Marko I. Rupnik– representa al «Buen Pastor» que carga con la humanidad herida, verdadera síntesis teológica de la misericordia divina.

Durante este año jubilar te invito encarecidamente que, a través de tu humilde pero eficiente testimonio, salgas a los caminos para llamar a los que andan errantes y busques a los que se hallan perdidos. Rastrees aunque te desgarren las zarzas del bosque, husmees todos los escondrijos, indagues en todas las matas hasta encontrar la«oveja perdida», la cargues sobre tus hombros, la traigas a casa, le vendes las heridas y le ayudes a reencontrar su propia dignidad, la de ser el ‘hijo amado del Padre’.

Como preparación de este gran acontecimiento eclesial, teniendo como trasfondo la parábola del ‘Padre misericordioso’ que narra el evangelista Lucas, voy a tratar de sumergiros en este «MISTERIO DE GRACIA», para que puedas sentir personalmente el abrazo de Dios.

¡Dejarse abrazar por Dios!–según refiere Henri J.M. Nouwen en su libro «El regreso del hijo pródigo»– no resulta ni tan obvio, ni tan fácil ni sencillo, aunque sea realmente lo que más desees o necesites. ¡Es paradójico que en la vida nos afanemos en buscar amigos en facebook, que mendiguemos afecto, reconocimiento, prestigio, poder… y después nos resistamos a dejarnos querer y abrazar por Dios, a través del hermano (del próximo)!

Permíteme que concluya esta motivación con la imagen elocuente que Paul Claudel describe en ‘La Anunciación’: «Cuentan que Violeta era una muchacha muy dichosa porque había encontrado su verdadera vocación.

–‘¡Qué feliz soy! –exclamaba–, ¡Dios me ha regalado poderme consagrar a Él’.

Violeta era una mujer sencilla, que hacía gala a su nombre (sabéis que las violetas crecen en la oscuridad y que desprenden un olor más intenso cuando son estrujadas), se cuestionaba «¿de qué sirve la vida si no es para darla?»… y derramaba caridad.

Una tarde se encontró con Pierre de Craon, un famoso constructor de catedrales, acaso el más famoso. A pesar de su fama, Pierre sufría una desgracia que le marcaría toda su vida, tenía una enfermedad incurable, la lepra.

Violeta sentía compasión por aquel ilustre leproso al que todo el mundo requería para construir grandes edificios pero al que nadie podía acercarse.

Violeta, movida por la caridad y la compasión, un día se acercó a Pierre. Al despedirse, le besó en la frente. Pierre, pensando que estaba ya en el cielo, sonrió. Y comenzó a vivir con una esperanza nueva. Poco tiempo después, en primavera, Violeta descubrió que en su cuerpo había aparecido una pequeña mancha, era lepra y, paradójicamente, esa misma mañana, Pierre se sorprendió al descubrir su cuerpo totalmente limpio. Aquel beso de Violeta había tomado su lepra.

¡QUÉ ADMIRABLE INTERCAMBIO!

¿No será éste el verdadero secreto del cambio? ¿el anhelo del Papa Francisco?

Descubre que Dios mismo se ha puesto en tu «pellejo», «intercambia los papeles», «indulta TODA tu deuda moral», «formatea el disco duro (corazón)», besa tus llagas (estigmas), las asume y las cura definitivamente…?

¡Déjate besar (curar) por el Señor! Y recuperarás la paz y tu alegría interior.

Con mi afecto y mi bendición.

Ángel Pérez Pueyo

Obispo de Barbastro-Monzón