2 de octubre de 2015

“Dia de la Educación en la Fe”

“Os exhortamos, hermanos, a que amonestéis a los indisciplinados, animéis a los apocados, sostengáis a los débiles y seáis pacientes con todos” (1 Tes 5,14)

El domingo 4 de octubre celebramos la Jornada de la Educación en la Fe. En esta carta deseamos expresaros nuestro reconocimiento y aprecio, nuestra gratitud y nuestra valoración por todo lo que hacéis, por el esfuerzo que realizáis, por el testimonio de vuestras vidas y la calidad de vuestra entrega. Deseamos que experimentéis nuestra cercanía, que descubráis cada día la importancia de la vocación que habéis recibido y que valoréis la responsabilidad de la labor que se os ha encomendado. La auténtica educación en la fe incluye la trasmisión de conocimientos y de experiencias, pero, sobre todo, destaca la dimensión esencial de formar los corazones. Hay una constante necesidad de conjugar el rigor en la comunicación, de modo que sea eficaz, atractiva e integral, con la formación de los corazones en el amor a Dios, en la práctica de las virtudes cristianas, en la vida sacramental, en el cultivo de la oración personal y litúrgica y en el compromiso de la caridad.

En el contexto en que vivimos, es preciso crear redes de apoyo para coordinar el esfuerzo realizado en la familia, la escuela y la parroquia. Se ha de trabajar, con humildad y decisión, para construir un nuevo sistema de colaboración comunitaria que favorezca la transmisión de la fe.

No os desaniméis ante las dificultades que debéis afrontar cotidianamente en este tiempo de emergencia educativa. Educar no es simplemente una profesión, sino una actitud, un modo de ser, de vivir y de transmitir. Para educar en la fe es preciso estar en medio de las personas, acompañándolas en las etapas de su crecimiento, desde la proximidad y el respeto.

La educación en la fe incluye enseñar a ver la belleza y la bondad de la creación y del ser humano, que conserva siempre la huella del Creador. Dios ha escrito dos libros: uno es la Sagrada Escritura, donde queda reflejada la historia de la salvación a través de la narración de un proceso que culmina en la persona de Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre. El otro libro es el de la creación, que nos remite al proyecto de amor de Dios, a su belleza y armonía.

El Papa Francisco escribe en su encíclica “Laudato si`”: “Todo el universo material es un lenguaje del amor de Dios, de su desmesurado cariño hacia nosotros. El suelo, el agua, las montañas, todo es caricia de Dios” (LS 84). La creación es una continua revelación de Dios. Cuando contemplamos lo creado, escuchamos un mensaje de Dios, percibimos su voz silenciosa.

Afirma el Santo Padre: “Podemos decir que, “junto a la Revelación propiamente dicha, contenida en la Sagrada Escritura, se da una manifestación divina cuando brilla el sol y cuando cae la noche”” (LS 85).

La educación en la fe, a través de la palabra, transmite conocimientos y valores, pero llega a ser incisiva si acompaña las palabras con el testimonio, con la coherencia de vida.

El educador en la fe percibe la presencia de Jesucristo en su vida. El educador en la fe sabe que el Señor está cerca como compañero, como amigo, y que Él ayuda y comprende, alienta en los momentos difíciles y nunca nos abandona.

El Papa Francisco ha convocado el Jubileo Extraordinario de la Misericordia como tiempo propicio para la Iglesia, para que haga más fuerte y eficaz el testimonio de los creyentes. El Santo Padre escribe en la bula “Misericordiae vultus”: “Siempre tenemos necesidad de contemplar el misterio de la misericordia. Es fuente de alegría, de serenidad y de paz. Es condición para nuestra salvación. Misericordia: es la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad. Misericordia: es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro. Misericordia: es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida. Misericordia: es la vía que une Dios y el hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser amados para siempre no obstante el límite de nuestro pecado” (MV 2).

Como pastores os reiteramos nuestra gratitud, y la de toda la Iglesia que peregrina en Aragón, por vuestro generoso compromiso, que va acompañado por vuestro sacrificio personal y vuestra dedicación incondicional.

Recibid nuestro cordial y afectuoso saludo junto con nuestra bendición.

+ D. Vicente Jiménez Zamora, Arzobispo de Zaragoza

+ D. Carlos-Manuel Escribano Subías, Obispo de Teruel y Albarracín

+ D. Julián Ruiz Martorell, Obispo de Huesca y de Jaca

+ D. Eusebio Hernández Sola, Obispo de Tarazona

+ D. Ángel-Javier Pérez Pueyo, Obispo de Barbastro-Monzón

 

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