29 de mayo de 2015

«Cuentan que el sultán salió una mañana de palacio rodeado por su fastuosa corte. Al poco se encontró con un campesino que plantaba afanoso una palmera. El sultán se detuvo al verlo y le preguntó sorprendido: “¡Oh, cheikk (anciano)!, plantas esta palmera y no sabes quiénes comerán su fruto... muchos años necesita para que madure, y tu vida se acerca a su término”. El anciano lo miró con bondad y le contestó: “¡Oh, sultán! Plantaron y comimos; plantemos para que coman”. El sultán admirado por la gran generosidad del anciano le entregó cien monedas de plata, que él tomó haciendo una inclinación, y le dijo: “¿Has visto, ¡oh, rey!, cuán pronto ha dado fruto la palmera?” El sultán, asombrado al ver que un hombre de campo hubiera tenido una respuesta tan sabia, le entregó otras cien monedas. El ingenioso viejo las besó y añadió con presteza: “¡Oh, sultán!, lo más extraordinario de todo es que generalmente una palmera sólo da fruto una vez al año y la mía ha dado fruto dos veces en menos de una hora”.

¡«Replantar a Dios» en el corazón humano...! Repoblar el mundo con los valores del Reino…, aunque seamos menos, más viejos o socialmente irrelevantes. Sembrar en nuestros jóvenes el anhelo de servir, de «amar hasta que duela», de ser «bálsamo», buena noticia, evangelio. Éste es hoy sin duda nuestro desafío.

La Iglesia, como buena madre, a ejemplo de María, deja que Dios fecunde sus entrañas para que se geste en la sociedad «la civilización del amor». A nosotros sus hijos nos toca corresponder con generosidad, poniendo al menos la “X” en la declaración de la renta para que ella pueda proveer a tantos que necesitan tanto. Y no sólo pan o justicia, sino también cercanía, cariño, ternura, respeto, dignidad…

Aunque todo es perfectible, me conmueve descubrir que nuestra Diócesis de Barbastro-Monzón es una de las más solidarias y generosas con su madre la Iglesia para que siga apostando por tantos, que carecen de tanto. La cara más amable, sobre todo en estos momentos de crisis, sin duda ha sido la acción caritativa, de promoción humana y laboral, de integración y reinserción social, que se viene ofreciendo a través de Caritas, Manos Unidas, Obras Misionales, grupos y movimientos apostólicos, cofradías, etc. Pero no menos desdeñable es su tarea humanizadora-divinizadora a través de la atención personal y familiar, de la educación y vivencia de la fe, de la celebración de los Sacramentos, de la asistencia a los enfermos y ancianos, a los niños, adolescentes y jóvenes…, por medio de tantos sacerdotes, religiosos, catequistas, animadores de la comunidad, profesores de religión, animadores juveniles, etc.

Gracias por poner la “X” a favor de la Iglesia y la “X” para otros fines sociales en vuestra declaración de la renta. Con tu aportación, la Iglesia se sostiene, y recuerda que, aunque no seas practicante, muchos la consideran un verdadero «valor ecológico» para la humanidad. Tu ayuda no sólo se multiplica por tantos sino que trasciende el tiempo y el espacio. Detrás de cada “X”, bien lo sabes, hay una historia conmovedora.

Con mi afecto y bendición.

+ Ángel Pérez Pueyo

Obispo de Barbastro-Monzón