8 de mayo de 2015

Al comenzar el mes de mayo, iluminados por los textos de la Sagrada Escritura sobre María de Nazaret, te invito a desentrañar en toda su hondura el misterio en que estuvo envuelta su vida, para que lo confrontes con la historia de salvación que Dios va obrando en tu propia vida; y llegues a descubrir cuánto parecido hay entre ambos.

Más allá de los títulos, advocaciones y devociones particulares a la Virgen María, que cada uno pueda tener, su verdadero relieve, significado y trascendencia está en haber sido la primera creyente, que acogió a Dios en su vida como nadie, y la primera discípula, que siguió a su Hijo y compartió con él su misma misión sanadora de la humanidad.

Te animo a que releas cada día uno de los siguientes textos evangélicos y trates de vislumbrar el rostro auténtico de María como mujer, como esposa, como amiga, como hermana, como madre, como creyente, como discípula... Y procures desentrañar aquellas actitudes de vida que la definen. Por ejemplo:

?  En la anunciación (Lc 1, 26-38), contempla algunas actitudes que se desprenden del texto, como son la con­fianza, la disponibilidad, la escucha, el asombro, la fascinación…

?  En la visita a su prima Isabel(Lc 1, 39-56), fíjate en su actitud de servicio, en la aceptación de la voluntad de Dios, en la solidaridad…

Y a modo de “deberes” para avanzar en tu vida espiritual, te propongo que tú mismo vayas contemplando las actitudes que tú descubres en estos otros momentos del misterio de María:

?  En el nacimiento de Jesús (Lc 2, 1-20).

?  Enlaprofecía de Siméon (Lc 2, 25-35).

?  En la huida a Egipto (Mt 2, 13-23).

?  Cuando ella y José pierden a Jesús en el templo (Lc 2, 41-52).

?  Cuando sabe que sus paisanos tienen a Jesús por loco o endemoniado y van a buscarlo (Mc 3, 20-21; Jn 10, 20).

?  En su decisiva intervención durante las bodas de Caná (Jn 2, 1-12).

?  Cuando escucha que Jesús dice a Juan desde la cruz: Ahí está tu madre... (Mt 12, 46-50).

?  Cuando escucha el piropo que una mujer dijo al Hijo pensando en la madre (Lc 11, 27-28).

?  En las duras horas que vivió a los pies de la cruz (Jn 19, 25-27).

?  Y, por fin, acompañando a los discípulos en Pentecostés (Hch 1, 14).

A María, pese a estar llena de gracia y ser la madre de Jesús, y de todas las virtudes, no le resultó más fácil que a nosotros llevar a cabo la misión que el Señor le confió. Tuvo que vivir este camino como nosotros, en el claro-oscuro de la fe, entre luces y sombras. Pero eso sí, sabiendo de quién se había fiado.

Con mi afecto y bendición.

+ Ángel Pérez Pueyo

Obispo de Barbastro-Monzón

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