24 de abril de 2015

Este domingo la Iglesia nos invita a rezar por las Vocaciones. Es la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y la Jornada por las Vocaciones Nativas. Ha sido un acierto haber hecho converger ambas intenciones en una misma jornada.

A través de esta campaña de oración por todas las vocaciones y de solidaridad con las iglesias en tierra de misión, tomamos conciencia de que la vocación no es privilegio de algunos, sino el modo de ser de todo cristiano, que canaliza su anhelo de felicidad, de plenitud, de sentido y de trascendencia mediante su específica vocación. La respuesta a la vocación nos permite hacer de nuestra propia vida una ofrenda, un regalo para el otro, sobre todo para los más desfavorecidos.

En cierta ocasión, un estudiante preguntó a su profesor: “¿Cuál es la diferencia entre el inteligente y el sabio?” “Muy fácil”, respondió el maestro. “El inteligente enciende una antorcha en la oscuridad e ilumina el camino. El sabio enciende su corazón y se convierte en antorcha”.

Perdonad mi osadía si ahora pregunto a los jóvenes del Sobrarbe, del Somontano, de la Ribagorza, del Bajo Cinca, de la Litera, y del Cinca Medio: ¿Qué queréis ser: inteligentes o sabios? Queridos jóvenes amigos míos, paraos a pensar un momento en las siguientes convicciones que quiero compartir con vosotros:

?  ¡Qué gozo da descubrir que el Señor te ama como eres, te busca donde estés, te llama por tu nombre, cuenta con tu amistad y con tu insustiuible colaboración!

?  ¡Qué bueno que pueda caminar contigo!

?  ¡Qué suerte ser luz con tu propia vida!

?  ¡Qué desafío llegar a ser fermento de esa nueva humanidad que Él ofrece!

?  ¡Qué fuerte ser buena noticia para tus propios amigos, colegas, compañeros o vecinos!

?  ¡Qué hermoso saberse comunidad de llamados y enviados!

?  ¡No te conformes con menos!

?  ¡Ofrécete y brillarás con luz propia!

?  ¡Enriquécenos con las potencialidades que el Señor ha puesto en tu corazón!

?  ¡Descubre desde dónde querrá el Señor que le ames, que le sigas, o que le sirvas!

?  ¡No tengas miedo! ¡Regálate! No tienes nada que perder.

Que cuantos os rodeen, viendo vuestras buenas obras, se sientan conmovidos. No sólo por lo buenos, lo inteligentes, lo audaces, lo sabios que sois, sino porque nos remitís a Dios, porque hacéis visible su rostro: «Que quien te vea, le vea, que quien te oiga, le oiga, que quien te sienta, le sienta».

Haced vuestra esta hermosa oración del cardenal John Henry Newman: «Quédate conmigo, Señor, y comenzaré a iluminar, como tú iluminas; comenzaré a dar luz de tal forma que pueda ser luz para los otros. Señor Jesucristo, la luz será toda tuya; nada de ella será mía. Ningún mérito es mío; tú te mostrarás a través de mí a los otros. Haz que yo te glorifique, como te agrada a ti, dando luz a todos los que están a mi alrededor. Dales luz, así como también a mí, ilumínalos conmigo y a través de mí... Haz que predique, sin predicar, no mediante palabras, sino por medio de mi vida, mediante la fuerza oculta y el influjo acogedor de mi quehacer…»

Con mi afecto y bendición.

+ Ángel Pérez Pueyo

Obispo de Barbastro-Monzón 

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