13 de marzo de 2015

El Papa nos ha invitado, en su Mensaje para la Cuaresma, a vencer la indiferencia ante el dolor de los demás. Nos invita a la oración y a tener gestos de caridad. Viene a mi mente una de las pocas cartas que todavía conservo. Me la envió una madre joven de mi pueblo, dos meses antes de morir de cáncer. Siempre que la releo, vuelvo a emocionarme:

–«Querido Ángel: Seguramente te sorprenda esta carta pero hay cosas que es mejor prepararlas con tiempo. Tú conoces la gravedad de mi enfermedad (…) Por mucho que viva nunca me cansaré de dar gracias a Dios por haberte puesto como mediador suyo en mi camino. En los momentos más duros supiste estar a mi lado. Nunca olvidaré tus llamadas telefónicas desde Roma cuando estaba en la clínica. En aquellos momentos sólo tenía fuerzas para mirar el crucifijo y sentir que era el mismo Jesús quien me sostenía y me aliviaba el dolor (…) Cuando me muera, recuérdame en tus eucaristías. Muchas veces te confesé que me hubiera gustado tener un hijo sacerdote para tener siempre una vela delante del Santísimo. No pudo ser. Tuve dos hijas preciosas. A cambio, Dios me regaló un gran amigo sacerdote (…)».

Desde entonces, cuando presento la ofrenda en mi eucaristía diaria, junto al pan y al vino añado los nombres de aquellos que el Señor me ha confiado su cuidado. Cada uno de vosotros, desde el 22 de febrero pasado, sois también ya parte de esta misma ofrenda.

Este regalo tan preciado y paradójicamente tan escaso hoy en esta tierra bendecida por tantos santos y mártires, de ser «presencia sacramental de Jesucristo» entre los hombres, esto es, de servir de mediador, de «cirineo» que carga con el dolor ajeno, que mitiga la soledad, que comparte las preocupaciones e inquietudes de los demás… sigue siendo la razón de ser de los 78 sacerdotes y religiosos que tienen encargo pastoral en nuestra Diócesis. Servir de lámpara encendida ante el Santísimo, intercediendo por cada uno de vosotros, por vuestros hijos y sus familias, es al mismo tiempo una de las más hermosas y fecundas tareas que el Señor nos encomienda.

El día 14 de marzo durante el XII Encuentro de Cofradías que tendrá lugar en Binaced vamos a secundar este gesto de oración que nos propone el Papa, rezar para no dejarnos absorber por esta espiral de horror y de impotencia que genera la indiferencia que vive la humanidad. Y el día 19 de marzo, coincidiendo con el Día del Seminario, os invito a la oración en la Concatedral de Monzón tal como se indica en la última página de nuestra Hoja diocesana. Podéis leer allí todos los datos.

Pongo a Nuestra Señora, en cada una de las advocaciones de nuestra Diócesis, y a nuestros beatos mártires, que nos bendigan copiosamente con las vocaciones laicales, religiosas y sacerdotales que esta Iglesia Diocesana de Barbastro-Monzón necesita.

Con mi afecto y bendición.

Ángel Pérez Pueyo, Obispo de Barbastro-Monzón. 

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