Ahora y Siempre Ángel Pérez Pueyo

26 de mayo de 2017

A punto de terminar el mes de mayo, por medio de estas líneas, quisiera hacer llegar mi recuerdo cariñoso y mi felicitación a los cientos de niñ@s de nuestra Diócesis que este año han hecho su primera comunión. Como la Virgen María, se han convertido en verdaderas «Custodias» (Sagrarios) de Dios, llenando nuestros pueblos de vida y color.

Quien haya celebrado su primera comunión seguro que asiente conmigo que ha sido uno de los días más bonitos y significativos de su vida. Se recuerda siempre. También para mí fue el día más feliz. Y eso que no pude hacerla ni con mis amigos ni con los compañeros del cole. Durante varios meses tuve que estar en Madrid para ser intervenido quirúrgicamente del velo del paladar y posteriormente en un centro de rehabilitación de logopedia. Ahora entendéis por qué no callo. Tampoco hubo banquete. Una chocolatada con mis amigos fue suficiente. Ni regalos costosos. El que más ilusión me hizo fue el reloj de pulsera que llevé en la muñeca hasta que me regalaron otro el día de mi ordenación sacerdotal. Sin embargo, el más fecundo, fue recibir como huésped a Jesús en mi «alma» y dejarle las «llaves» para que entrara cuando quisiera.

Permitidme que os invite a hacer un juego con vuestros hijos y/o nietos que hayan hecho su primera comunión este año. Hacedles las mismas preguntas que unos comulgantes le hicieron al Papa Benedicto XVI en una audiencia el año 2005. Compartidlas con ellos. Cotejadlas con las del Papa. Y si entregáis las respuestas de los comulgantes a Mafer en el obispado, Plaza de Palacio núm. 1, además de regalaros un rosario del Papa Francisco, os prometo que leería algunas en la misa del Corpus Christi.

–¿Qué recuerdo tienes –le preguntó Andrés– del día de tu primera Comunión?

–Benedicto XVI: Fue un domingo radiante de marzo de 1936. Comulgamos unos treinta niños y niñas de nuestra pequeña localidad, que apenas tenía 500 habitantes. Pero en el centro de mis recuerdos está que Jesús entraba en mi corazón, que me visitaba precisamente a mí. Y que era un don de amor que realmente valía mucho más que todo lo que se podía recibir en la vida; así me sentí realmente feliz. Y le prometí al Señor: “quiero estar siempre contigo”. Espero que también sea para vosotros el inicio de una bonita amistad con Jesús y que dure toda la vida. Estando con Jesús os irá muy bien y seréis muy felices.

–¿Debo confesarme –le preguntó Livia– todas las veces que recibo la Comunión? ¿Aunque sean los mismos pecados?

–Benedicto XVI: Te diría dos cosas: la primera, sólo es necesario confesarse en el caso de que hayas roto tu amistad con Jesús (que se visibiliza en la amistad con tu familia, amigos, compañeros, vecinos…). La segunda, aunque no sea necesario confesarse antes de cada Comunión, es muy útil confesarse con cierta frecuencia. Es verdad que nuestros pecados son casi siempre los mismos, pero igual que limpiamos nuestra habitación al menos una vez por semana, aunque la suciedad sea siempre la misma, igual tenemos que hacer con el «alma» para preservar su belleza y que nos ayude a tener una conciencia más despierta y podamos madurar espiritualmente como personas.

–Mi catequista, me dijo –volvió a preguntarle Andrés– que Jesús está presente en la Eucaristía. Pero ¿cómo? Yo no lo veo.

–Benedicto XVI: Efectivamente hay muchas cosas que no vemos y, sin embargo, existen y, además, son esenciales. Por ejemplo, no vemos nuestra inteligencia; y, sin embargo, la tenemos. No vemos nuestra «alma» y, sin embargo, existe y vemos sus efectos, porque podemos hablar, pensar, decidir… Tampoco vemos, por ejemplo, la corriente eléctrica y, sin embargo, vemos la luz. Con frecuencia las cosas más profundas, que sostienen la vida y el mundo, no las vemos pero sentimos sus efectos. Tampoco vemos con nuestros ojos a Jesús resucitado, pero sentimos cómo cuando está El, las personas cambian, son mejores. No vemos realmente al Señor pero sentimos sus efectos: así podemos comprender que Jesús está invisible pero real en la Eucaristía.

–Todos nos dicen –le preguntó Julia– que es importante ir a misa el domingo. Nosotros iríamos muy a gusto pero nuestros padres no nos quieren acompañar porque el domingo lo aprovechan para dormir.

–Benedicto XVI: Con gran amor y respeto hacia vuestros papás que se desviven trabajando tanto por vosotros para ofreceros lo mejor, podríais vosotros mismos seducirles y arrastrarles haciéndoles cómplices de vuestra amistad con Jesús y lo importante que es rezarle a Dios por toda la familia.

–¿Para qué sirve –preguntó Alejandro– ir a misa cada día y recibir la Comunión?

–Benedicto XVI: Sirve para descubrir cuál es el centro de tu vida. Si Dios está ausente en mi vida, me falta una orientación, me falta una amistad esencial, me falta también la alegría interior que plenifica mi vida. No tendría la fuerza para crecer y madurar como persona y poder superar mis vicios y limitaciones. Su efecto no se ve enseguida. Se siente después. En los países donde el ateísmo ha gobernado durante muchos años; se han destruido las «almas», y también la tierra; y así descubrimos lo importante que es alimentarse de Jesús en la Comunión. Él es quien realmente nos da la luz y nos orienta en la vida.

–¿Qué es –preguntó Adriano– la adoración eucarística? ¿Cómo se hace?

–Benedicto XVI: La adoración es reconocer que Jesús es mi Señor, que Él me indica el camino mejor para ser feliz. Adorar es poder expresarle: “Jesús, yo soy tuyo y te sigo en mi vida; no quisiera perder jamás esta amistad, esta comunión contigo”. También podría decir que la adoración es, en su esencia, un abrazo con Jesús, en el que le digo: “Yo soy tuyo y te pido que tú también estés siempre conmigo”.

Termino dandoos las gracias a cada uno de los comulgantes, a vuestros padres, hermanos, abuelos y familiares. También a los catequistas, sacerdotes, religios@s y a los profes de reli. Os animo, en este día de la Ascensión, a que hagáis presente a Jesús con vuestra vida en el mundo. Y os recuerdo, con palabras del Papa Francisco, que ningún río bebe su propia agua; ni los árboles comen sus propios frutos... El sol no brilla para sí mismo ni las flores esparcen su fragancia para ellas mismas. Vivir para los otros es una regla de la naturaleza. (...) La vida es buena cuando tú estás feliz; pero la vida es mucho mejor cuando los otros son felices por tu «culpa».

 

Con mi afecto y bendición

Ángel Pérez Pueyo

Obispo Barbastro-Monzón

 

19 de mayo de 2017

El día 6 de mayo estuve en Roda de Isábena acompañando a un centenar de jóvenes de los cuatro arciprestazgos de nuestra Diócesis. Llegados desde Fraga, Ballobar, Monzón, Binéfar, Barbastro, Ainsa, Graus… estos jóvenes vinieron con el deseo de abrir la «maleta de sus sueños» y compartirla con Jesucristo.

Esta iniciativa fue organizada con gran acierto por el equipo de Pastoral Juvenil de la Diócesis respondiendo a la inquietud que el Papa Francisco ha manifestado en repetidas ocasiones de darles la palabra a los propios jóvenes y que sean ellos mismos los que nos digan con sinceridad y libertad lo que sienten, lo que piensan, lo que hacen, lo que anhelan… También lo que temen o reprueban de la Iglesia. Para ello ha convocado en octubre de 2018 en Roma un Sínodo que versará sobre «los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional».

Nuestros jóvenes, motivados por una dinámica muy sugerente, trataron de responder a la pregunta crucial del encuentro: Señor, «¿qué sueñas de mí?». A las cinco de la tarde, congregados en la hermosa plaza del pueblo, después de hacer varios juegos de integración, se adentraron en la iglesia parroquial. Al contemplar la cripta, con la pila bautismal y el altar revestido con el frontal del sepulcro de San Ramón, patrono de nuestra Diócesis, tal como nos hizo notar Mn. Aurelio Ricou, se fue creando un clima de recogimiento interior que nos permitió imbuirnos en el MISTERIO, tocar nuestros orígenes, la raíz de nuestra fe.

Escuchar en ese contexto la conversión de Pilar Soto fue escalofriante. Cómo una chica joven, rubia, guapísima, presentadora de televisión, actriz, que había presentado un año las «campanadas» en tele Madrid, el «gran Prix» con Ramón García, que había actuado en «Mamma mía», «al salir de clase»…, que lo tenía todo, que aparentemente irradiaba felicidad por los cuatro costados, pudiera confesar que se había sentido «rota por dentro» y que había «tocado fondo». Cómo, al sentirse clínicamente desahuciada, levantó su mirada y se encontró con Jesucristo crucificado. Explicaba, sin ningún reparo, en el programa «cambio de agujas», cómo Jesucristo había sido verdaderamente su tabla de salvación. Y cómo había ido recuperando su dignidad como persona.

¡Paradójicamente, otros jóvenes, «ciegos de droga y alcohol», ratificaban el mismo sentimiento de vacío interior que les hacía sentirse realmente frágiles, vulnerables, dependientes, verdaderas «piltrafillas» humanas, hasta que se encontraron cara a cara con Jesucristo!

Después de ver estos testimonios tan sólo acerté a decirles: ¿qué tiene que suceder en el corazón de un joven para que llegue a tocar fondo o para sentirse vacío o roto por dentro? ¿Qué tiene que hacer Jesucristo por cada uno de los jóvenes del Alto Aragón para que descubran lo mucho que Dios les quiere y cómo los ha soñado?

Ciertamente «Dios no hace basura». Cuando te creó a ti o a mí, a cada uno, también a vuestros amigos o colegas de la pandilla o del cole, les adornó con múltiples cualidades. Quizá nadie les haya hablado todavía de esa hermosura interior que plenifica el corazón de toda persona.

¡Ojalá que este ramillete de jóvenes que se han ofrecido como intrépidos «apóstoles de calle», se atrevan algún día a decirles cara a cara a sus colegas que Dios los quiere felices, libres, auténticos, fecundos....!¡Desmonten sus tópicos! ¡Compartan con ellos que el verdadero secreto de la felicidad consiste en algo tan obvio y sencillo como: «sé tú mismo. Siempre»! En mi caso, no tengo más que a Cristo. Es a quien os ofrezco. No quiero engañaros. Ésta es mi riqueza, aunque algunos la menosprecien o la ignoren. Ahora entendéis por qué mi empeño en invitaros a participar en las «noches claras», ámbito privilegiado para el encuentro con el Señor. Os ofrezco lo mejor y lo único que tengo. Es realmente el que me ha hecho feliz como persona, como cura y como obispo. El que me ha ayudado a descubrir la belleza interior con la que Dios me ha adornado.

Al recorrer la nave del templo con la Custodia les invité a que miraran a Jesús Eucaristía y le preguntaran clara y abiertamente ¿qué sueñas de mí? Me iba deteniendo delante de cada uno de ellos. Les invitaba a tocarlo, mirarlo, decirle lo que llevaban en su corazón… Os confieso que me emocionó ver sus ojos «encendidos» o «enrasados». ¡Cuánto me hubiera gustado bucear por el corazón de todos ellos y escuchar sus palabras, enjugar sus lágrimas y sanar sus heridas!

Terminamos el encuentro con una dinámica muy evocadora: «abre la maleta de tus sueños». Los animadores y monitores, por grupos, fueron compartiendo las preguntas y respuestas que brotaban de su corazón y que fueron recogidas por «Tamtam3 comunicación» y por el «Equipo de Medios de la Diócesis» con el fin de hacérselas llegar personalmente al Papa para que conozca de primera mano los anhelos e inquietudes de nuestros jóvenes. La pegatina con el eslogan del encuentro: «séfeliz@sétúmismo.siempre» y la bendición del Santísimo cerró el espacio de oración, de reflexión y la entrevista de cada grupo. Con la merienda y algunos cantos se dio por concluido el encuentro y sobre las ocho de la tarde Roda volvió a recuperar su quietud y paz habitual.

Termino con esta elocuente oración de Benedicto XVI por los jóvenes que hago mía: «Abre tu corazón a Dios. Déjate sorprender por Cristo. Dale el «derecho a hablarte». Abre las puertas de tu libertad a su amor misericordioso: preséntale tus alegrías y tu penas a Cristo. Déjale que Él te ilumine con su luz la mente y toque con su gracia tu corazón. No te arrepentirás».

Con mi afecto y bendición

Ángel Pérez Pueyo

Obispo Barbastro-Monzón

12 de mayo de 2017

Perdonad que insista sobre la trascendencia que tiene para vuestros hijos que reciban una educación integral que no excluya la religión en la escuela, ni la fe en la parroquia ni en vuestros hogares. Con sencillez y humildad tenemos que desmontar los tópicos que algunos nos intentan "vender". Menos mal que todavía hay personas, aunque no crean o practiquen, que demuestran sensatez y altura de miras al llamar las cosas por su nombre. Ofrezco dos testimonios como botón de muestra:

1) El del Profesor Tierno Galván, agnóstico reconocido, que siendo alcalde de Madrid, cuando intentaron quitar el crucifijo de su despacho contestó con gran sensatez: «La contemplación de un hombre justo que murió por los demás no molesta a nadie. Déjenlo donde está».

2) El de D. Jean Jaurés, socialista francés, que le escribió esta carta tan elocuente a su hijo para no eximirle de cursar religión en el colegio: «Querido hijo:

Me pides un justificante que te exima de cursar religión. Este justificante no te lo enviaré jamás. No es porque desee que seas clerical, a pesar de que no hay en esto ningún peligro, ni lo hay tampoco en que profeses las creencias que te exponga el profesor.

Cuando tengas la edad suficiente para juzgar, serás completamente libre pero, tengo empeño decidido en que tu instrucción y tu educación sean completas, y no lo serían sin un estudio serio de la religión.

Te parecerá extraño, después de haberme oído tan hermosas declaraciones sobre este tema con el único deseo de arrastrar a algunos, he de confesarte que están en pugna con el más elemental buen sentido. ¿Cómo iba a ser completa tu formación sin un conocimiento suficiente de las cuestiones religiosas sobre las cuales todo el mundo discute? ¿Quieres, por tu ignorancia voluntaria, no poder decir una palabra sobre estos temas sin exponerte a decir algún disparate?

Dejemos a un lado la política o la ideología y analicemos los conocimientos indispensables que cualquier hombre culto debería tener. Si estudias mitología para comprender la historia y la civilización griega y romana, ¿qué comprenderías de la historia europea o del mundo entero después de Jesucristo, sin conocer la religión que cambió la faz del mundo y produjo una nueva civilización?

En el arte ¿qué significarán para ti las obras maestras de la Edad Media y de los Tiempos Modernos, si no conoces el motivo que las ha inspirado y las ideas religioas que ellas contienen?

En las letras ¿podrías dejar de conocer no sólo a Bossuet, Fenelón, Lacordaire, De Maistre, Veuillot y tantos otros que se ocuparon exclusivamente de cuestiones religiosas, sino también a Corneille, Racine, Hugo, en una palabra a todos estos grandes maestros que debieron al cristianismo sus más bellas inspiraciones? Si se trata de derecho, de filosofía o de moral ¿podrías ignorar la expresión más clara del Derecho Natural, la filosofía más extendida, la moral más sabia y más universal? Éste es el pensamiento del mismo Juan Jacobo Rousseau

Hasta en las ciencias naturales y matemáticas encontrarás la religión: Pascal y Newton eran cristianos fervientes; Ampere era piadoso; Pasteur probaba la existencia de Dios y decía haber recobrado por la ciencia la fe de un bretón; Flammarion se entrega a fantasías teológicas.

¿Querrás condenarte a saltar páginas en todas tus lecturas y en todos tus estudios? Hay que confesarlo clara y abiertamente: la religión está íntimamente unida a todas las manifestaciones de la inteligencia humana; es la base de la civilización y es ponerse fuera del mundo intelectual y condenarse a una manifiesta inferioridad el no querer conocer una ciencia que han estudiado y que poseen en nuestro días tantas inteligencias preclaras.

Y ya que te hablo de educación, hijo mío, para ser un joven bien educado es preciso conocer y practicar las leyes de la Iglesia. Te voy a decir algo más. Nada hay que reprochar a los que las practican fielmente, y con mucha frecuencia hay que llorar por los que no las tuvieron en cuenta. Si no estamos obligados a imitarlas, debemos por lo menos comprenderlas para poder guardarles respeto, la consideración y la tolerancia que le son debidas. Nadie será jamás delicado, fino, ni siquiera presentable sin nociones religiosas.

Querido hijo, convéncete, muchos tienen interés en que los demás desconozcan la religión, apelando a la libertad de conciencia pero saben que se trata de vana palabrería que desmienten los hechos y el sentido común. Muchos anticatólicos han recibido educación religiosa. Su conducta prueba que han conservado toda su libertad. Además, no es preciso ser un genio para comprender que sólo son verdaderamente libres de no ser cristianos los que tienen la facultad de serlo. La cosa es muy clara: la libertad exige la facultad de poder obrar en sentido contrario.

Tal vez te sorprenda esta carta, hijo mío, pero conviene que un padre siempre diga la verdad a su hijo. Ningún compromiso podría excusarme de esta obligación. Tu padre. Jean Jaures».

Sobran más palabras. En esta decisión nos jugamos todos mucho.

 

Con mi afecto y bendición

Ángel Pérez Pueyo

Obispo Barbastro-Monzón

5 de mayo de 2017

Perdonad que insista sobre la trascendencia que tiene para vuestros hijos que reciban una educación integral que no excluya la religión en la escuela, ni la fe en la parroquia ni en vuestros hogares. Con sencillez y humildad tenemos que desmontar los tópicos que algunos nos intentan "vender". Menos mal que todavía hay personas, aunque no crean o practiquen, que demuestran sensatez y altura de miras al llamar las cosas por su nombre. Ofrezco dos testimonios como botón de muestra:

1) El del Profesor Tierno Galván, agnóstico reconocido, que siendo alcalde de Madrid, cuando intentaron quitar el crucifijo de su despacho contestó con gran sensatez: «La contemplación de un hombre justo que murió por los demás no molesta a nadie. Déjenlo donde está». 

2) El de D. Jean Jaurés, socialista francés, que le escribió esta carta tan elocuente a su hijo para no eximirle de cursar religión en el colegio: «Querido hijo:

Me pides un justificante que te exima de cursar religión. Este justificante no te lo enviaré jamás. No es porque desee que seas clerical, a pesar de que no hay en esto ningún peligro, ni lo hay tampoco en que profeses las creencias que te exponga el profesor.

Cuando tengas la edad suficiente para juzgar, serás completamente libre pero, tengo empeño decidido en que tu instrucción y tu educación sean completas, y no lo serían sin un estudio serio de la religión.

Te parecerá extraño, después de haberme oído tan hermosas declaraciones sobre este tema con el único deseo de arrastrar a algunos, he de confesarte que están en pugna con el más elemental buen sentido. ¿Cómo iba a ser completa tu formación sin un conocimiento suficiente de las cuestiones religiosas sobre las cuales todo el mundo discute? ¿Quieres, por tu ignorancia voluntaria, no poder decir una palabra sobre estos temas sin exponerte a decir algún disparate?

Dejemos a un lado la política o la ideología y analicemos los conocimientos indispensables que cualquier hombre culto debería tener. Si estudias mitología para comprender la historia y la civilización griega y romana, ¿qué comprenderías de la historia europea o del mundo entero después de Jesucristo, sin conocer la religión que cambió la faz del mundo y produjo una nueva civilización?

En el arte ¿qué significarán para ti las obras maestras de la Edad Media y de los Tiempos Modernos, si no conoces el motivo que las ha inspirado y las ideas religioas que ellas contienen?

En las letras ¿podrías dejar de conocer no sólo a Bossuet, Fenelón, Lacordaire, De Maistre, Veuillot y tantos otros que se ocuparon exclusivamente de cuestiones religiosas, sino también a Corneille, Racine, Hugo, en una palabra a todos estos grandes maestros que debieron al cristianismo sus más bellas inspiraciones? Si se trata de derecho, de filosofía o de moral ¿podrías ignorar la expresión más clara del Derecho Natural, la filosofía más extendida, la moral más sabia y más universal? Éste es el pensamiento del mismo Juan Jacobo Rousseau

Hasta en las ciencias naturales y matemáticas encontrarás la religión: Pascal y Newton eran cristianos fervientes; Ampere era piadoso; Pasteur probaba la existencia de Dios y decía haber recobrado por la ciencia la fe de un bretón; Flammarion se entrega a fantasías teológicas.

¿Querrás condenarte a saltar páginas en todas tus lecturas y en todos tus estudios? Hay que confesarlo clara y abiertamente: la religión está íntimamente unida a todas las manifestaciones de la inteligencia humana; es la base de la civilización y es ponerse fuera del mundo intelectual y condenarse a una manifiesta inferioridad el no querer conocer una ciencia que han estudiado y que poseen en nuestro días tantas inteligencias preclaras.

Y ya que te hablo de educación, hijo mío, para ser un joven bien educado es preciso conocer y practicar las leyes de la Iglesia. Te voy a decir algo más. Nada hay que reprochar a los que las practican fielmente, y con mucha frecuencia hay que llorar por los que no las tuvieron en cuenta. Si no estamos obligados a imitarlas, debemos por lo menos comprenderlas para poder guardarles respeto, la consideración y la tolerancia que le son debidas. Nadie será jamás delicado, fino, ni siquiera presentable sin nociones religiosas.

Querido hijo, convéncete, muchos tienen interés en que los demás desconozcan la religión, apelando a la libertad de conciencia pero saben que se trata de vana palabrería que desmienten los hechos y el sentido común. Muchos anticatólicos han recibido educación religiosa. Su conducta prueba que han conservado toda su libertad. Además, no es preciso ser un genio para comprender que sólo son verdaderamente libres de no ser cristianos los que tienen la facultad de serlo. La cosa es muy clara: la libertad exige la facultad de poder obrar en sentido contrario.

Tal vez te sorprenda esta carta, hijo mío, pero conviene que un padre siempre diga la verdad a su hijo. Ningún compromiso  podría excusarme de esta obligación. Tu padre. Jean Jaures». 

Sobran más palabras. En esta decisión nos jugamos todos mucho. Con mi afecto y bendición

 

Ángel Pérez Pueyo

Obispo Barbastro-Monzón

28 de abril de 2017

¡A qué juegan, quienes, apelando al Estado, pretenden tergiversar «laicidad» (Estado civil que prescinde de la educación religiosa) con «aconfesionalidad» (Estado que no tiene ninguna confesionalidad religiosa precisamente para poder preservar la libertad educativa de todos)! España, que yo sepa, no es un país laico sino aconfesional. El matiz puede resultar sutil pero no baladí.

¡A quiénes pretenden engañar unos u otros «a estas alturas de la partida»! Por más que algunos intenten «embaucarnos» («manipularnos»), cualquier persona «sensata» e «inteligente», aunque no sea creyente ni practicante, se percatará de las motivaciones reales que mueven a unos y a otros. También de las consecuencias que puede tener la «educación laica» (sin Dios) que algunos propugnan. De forma nada inocente, porque lo que está en juego es combatir el modelo antropológico cristiano de la sociedad, bajo un revestimiento de igualdad, modernidad, autenticidad y libertad ficticias, intentan privar a nuestros niños, adolescentes y jóvenes, nada menos, que de una de las dimensiones constitutivas que tiene todo ser humano, la dimensión de trascendencia. Y así tratar de usurpar el anhelo de felicidad eterna que se halla impreso en todo corazón humano.

Como dije abierta y claramente en el Pregón de Semana Santa, no me asusta que algunos nieguen, ignoren o silencien a Dios en sus vidas… Ha sido la tentación de todo hombre y mujer a lo largo de la historia. Lo que realmente me conmueve es su incoherencia ya que son ahora ellos mismos los que se postulan para tratar de suplantarle. Pero lo más «fuerte» es que pretendan obligarnos a TODOS a «adorarles» como si realmente fueran los verdaderos «dioses» del siglo XXI y a obedecer ciegamente sus criterios, legales aunque no siempre justos, simplemente porque obtuvieran un puñado más de votos, algunos de ellos «amprados».

La vida suele encargarse, tarde o temprano, en poner a cada uno en su lugar. Hasta ahora, mi pobre experiencia, me asegura que únicamente la transparencia, la coherencia y el servicio desinteresado a los demás suelen abrirse camino. Los cristianos, aunque en ello nos haya ido tantas veces la vida, hemos tratado de mostrar abierta y claramente cuál es nuestro verdadero origen y destino: el «haber sido llamados a vivir eternamente, en la LUZ del amor de AQUEL que un día nos creó». Y apelando al legado de nuestros mayores, seguimos creyendo que aunque logren « matar a Dios» jamás podrán acallar su voz… porque seguirá resonando en el interior de nuestro corazón.

Me resulta también paradójico que la mayoría de los axiomas educativos que se esgrimen como fundamento de una «educación laica» (sin Dios): la libertad, la tolerancia, el diálogo, el respeto, la dignidad… sean valores todos ellos entresacados del Evangelio. Y pese a todo, cuando los creyentes tratan de interiorizarlos en el corazón de sus hijos se les niegue el «pan y la sal» o se les obligue a «comulgar con ruedas de molino».

La Iglesia, como buena madre, aunque cuente con no pocas arrugas o cicatrices, merced a la «necedad» de sus propios hijos, trata de ofrecer a todos una educación que visibilice sobre todo el AMOR que Dios nos tiene y nos ayuda a liberar esta poderosa energía que es capaz de transformar al mundo y a las personas. Jesucristo sigue siendo el modelo antropológico que nos permita construir la «civilización del amor». Aunque los cristianos no siempre hayamos sabido estar a la altura del Maestro, fue Él quien revolucionó el mundo con su modo de ser y de proceder. El giro que propuso fue de tal envergadura que cambió radicalmente la ley que estaba establecida en aquel tiempo: el perdón en vez de la venganza y el amor al enemigo en vez del odio, las dos últimas antítesis del Sermón del Monte. ¡No conozco todavía un Proyecto tan humanizador que transforme el mundo...! Por esto he tratado de interiorizarlo en mi vida y realmente me siento libre, fecundo y feliz.

Si necesitáis algunos testimonios que animen a vuestros hijos a cursar religión os puedo ofrecer varios. Para abrir boca os comparto un fragmento de la carta, tan clara como lúcida, que Jean Jaurés, socialista francés, envió a su hijo para no eximirle de la clase de religión: «no hace falta ser un genio, hijo mío, para comprender que sólo son verdaderamente libres de no ser cristianos los que tienen la facultad de serlo». También un trozo de la carta de Alejandra, Master en Psicología de la Educación, agradeciendo a su profe de religión no sólo su crecimiento personal sino la madurez que le proporcionó para contemplar el mundo de forma crítica. O uno de los múltiples ecos que he recibido del Pregón de Semana Santa: «la parte que más me ha conmovido, Ángel, ha sido la de las evidencias elocuentes, porque me ha tocado vivirlas en carne propia. Durante unos 15 años me dediqué a la Ciencia y también me llevó a la conclusión de que el mundo es mucho más complejo de lo que podamos nosotros explicar y que el misterio de la existencia sólo puede conocerse y entenderse mediante lo sobrenatural (trascendencia)». Desde el conocimiento e interiorización de estos valores es desde donde tratamos de educar a vuestros hijos en la escuela. De los padres, como responsables últimos de la educación de vuestros hijos, dependerá que os atreváis a EXIGIR a quienes han sido elegidos a VUESTRO SERVICIO, a través de las diferentes instituciones, que lo hagan con altura de miras y desde el máximo respeto y libertad de cada persona.

 

Con mi afecto y bendición

Ángel Pérez Pueyo

Obispo Barbastro-Monzón

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