Ahora y Siempre Ángel Pérez Pueyo

17 de noviembre de 2017

¿Qué estás haciendo con tu vida? Desenmascara los «tópicos» que pueden deshumanizarte. No te dejes engañar. Sé sincero, al menos contigo mismo: ¿«vives» o «vegetas»?, ¿«cueces» o «enriqueces»?, ¿«ardes» o «te quemas»?

Hoy el Señor te ayuda a descubrir los «talentos» con que te adornó. Te invita a hacerlos fructificar. No dejes que te vendan bienestar por felicidad. El bienestar es la excitación emocional que te ofrecen fugazmente las cosas al satisfacer tus deseos o necesidades. La felicidad, en cambio, emerge de tu interior. No es fruto de algo concreto sino la convicción de saberse amado y sostenido por Aquel que nos creó. Acontece como un DON, como una GRACIA inmerecida e inesperada. Como TAREA, basta acogerla, disfrutarla y compartirla con los demás.

Te brindo la oportunidad de que seas feliz sirviendo a los demás, implicándote en la transformación de nuestra Diócesis… ofreciéndote un modo nuevo de mirar, gustar, tocar, oler, escuchar, es decir, de saborear a Dios en todo lo que haces. Disfrutar con hondura los encuentros, las miradas, los rostros, la belleza… mirar más el lado bueno, positivo y gozoso de las personas y los acontecimientos… porque quien tiene a Dios en sus labios en todo encontrará gusto a Él.

Es lo que la parábola de los talentos, enmarcada dentro del discurso escatológico de Jesús, pretende hacernos descubrir. El Señor tarda pero su regreso es tan seguro como imprevisible. De ahí nuestra llamada a la responsabilidad personal. Las sumas entregadas y las ganancias obtenidas son muy considerables ya que un talento equivalía a diez mil denarios, el sueldo de seis mil jornadas de trabajo. Más allá de esto, lo que se destaca es la productividad de los dos primeros siervos. El tercero, en cambio, trata de conservar, a buen recaudo un depósito que consideraba cerrado. Actúa con aparente honestidad. No malgasta su talento. No hace nada malo… sin embargo es reprobado por su pasividad. Esta sociedad del bienestar ha logrado anestesiar nuestros pecados de omisión. El abstencionismo y la apatía, la pereza y la comodidad, el egoísmo y el miedo al qué dirán son fruto de una psicosis de seguridad colectiva. Dios nos pide hoy una fidelidad productiva, de lo contrario, también quedaremos descalificados.

Los talentos que recibimos por parte de Dios son, en primer lugar, las riquezas de su Reino, es decir, la salvación, la fe, su amor, su amistad (la vida de Gracia)… En segundo lugar, los dones naturales como la vida y la salud, la inteligencia y la voluntad, la familia y la educación… La fe, sin embargo, es el gran talento que resume todos los demás.

Estos talentos no son para uso privado y exclusivo. Dios no nos ha creado como «floreros». Tampoco nos ha constituido en propietarios, tan solo en administradores. Nuestro dilema insoslayable es explotarlos al servicio de Dios y de los hermanos o bien enterrarlos para no complicarnos más la vida ni ser tachados como retrógrados.

¡Cuántos hombres y mujeres viven instalados, desilusionados o fosilizados como el empleado haragán que efectivamente no malgasta su talento pero lo entierra, contentándose con mantenerlo intacto e infecundo! Los dos primeros fueron elogiados por la lealtad con la que se hicieron cargo de lo “poco”. El tercero, además de acusar al dueño, confiesa que ha sido el temor lo que le ha inspirado su manera de actuar. El Señor, que no le reprocha sus palabras injustas, desenmascara sin embargo su pasividad, su indolencia y su pereza. No ha querido correr riesgos. Al final, se desvelan las motivaciones reales de cada uno.

Lo que se exige siempre es “poco” en comparación con lo mucho que se ha recibido. El diverso comportamiento refleja las distintas maneras que cada uno tiene de enfocar la vida y la fe. Los hay que, conscientes de lo mucho que han recibido por parte de Dios, lo ponen todo al común, al servicio de su Proyecto salvífico. Otros, en cambio, viven con miedo, sintiéndose atenazados por el qué dirán  y logran enterrar todas sus potencialidades.

Lo importante no es la cantidad que cada uno produzca sino si responde al tanto por ciento de sus propias capacidades, actitudes o aptitudes. Dios no exige sin antes habernos dado con abundancia. Personalmente lo que más me conmueve es la confianza que el Señor ha depositado en nosotros. El nos impulsa a aprovechar cada día que sigamos «enganchados» a lo suyo.

Gracias, Señor, porque confiaste en nosotros, entregándonos los talentos y la responsabilidad de tu Reino. Gracias, Señor, porque desenmascaraste nuestra mediocridad y nos hiciste descubrir nuestros pecados de omisión. Ayúdanos, Señor, a redituar nuestros talentos para servir mejor a los demás.

Con mi afecto y bendición

Ángel Pérez Pueyo

Obispo de Barbastro-Monzón

 

10 de noviembre de 2017

Encontró en «casa», el amor que mendigaba fuera

«Un artista le dijo a su esposa, me voy de casa porque quiero inspirarme para pintar la obra maestra de mi vida. A los pocos días se encontró con una muchacha radiante el día de su boda: ¿qué es lo más hermoso para ti?, le preguntó emocionado. El amor, contestó la joven enamorada sin titubear. Pero, ¿cómo pintar el amor? Luego se tropezó con un soldado: ¿qué es lo mejor para ti? La paz. Pero, ¿cómo pintar la paz? Más tarde conversó con un sacerdote: ¿qué es lo principal para ti? La fe. Pero, ¿cómo pintar la fe? Cansado y decepcionado volvió a casa. Su esposa lo abrazó con tanta ternura que halló el amor y la paz de la que le habían hablado la novia y el soldado. Y en los ojos de sus hijos, cuando lo cubrían de besos, descubrió la fe de la que le había hablado el sacerdote. Fue en su propia casa donde encontró la inspiración que andaba buscando fuera».

¡Vuelve a casa! ¡Te queremos! ¡Te andamos buscando! ¡Te aguardamos!... son «exclamaciones», «gritos» que mi coherencia de vida debería ofrecer a cada uno de mis hermanos que, por razones diversas, un día abandonaron la «casa paterna» en busca del cariño, de la cercanía, del testimonio, que algunos no le supimos ofrecer cuando estaban en casa.

‘SIN TI nunca llegaremos a ser esa ÚNICA Y GRAN FAMILIA que Dios sueña’. Ni podremos recobrar en su hogar (la Iglesia) el AMOR que, a veces, mendigamos fuera. ¿No os resulta paradójico que nos pasemos la vida buscando amigos, demandando afecto, mendigando reconocimiento, prestigio, poder… y, sin embargo, lo que más nos cuesta es dejarnos querer? Ciertamente, lo más difícil es dejarse abrazar por Dios («mi Padre del cielo»), sintiendo su ternura, su cariño, su misericordia… a través de mis otros hermanos. Nos cuesta aceptar que, aunque uno haya marchado de casa, en «la mesa de la fraternidad», cada día, está puesto tu plato esperando tu regreso. Pero lo más sorprendente es descubrir que nuestra verdadera vocación en esta tierra es la de hacer de PADRE-MADRE, es decir, acoger a todos en casa sin pedirles explicaciones y sin exigirles nada a cambio. Ser padres, con entrañas de madres, capaces de reclamar para sí la única autoridad posible, la compasión.

Las cifras de esa nube ingente de personas voluntarias que invierten miles de horas al servicio de los demás, especialmente de los que la sociedad excluye, (animadores de la comunidad, catequistas, agentes de pastoral, voluntarios de Cáritas, de Manos Unidas o de Misiones, visitadores de enfermos o ancianos, ministros extraordinarios de la comunión, mairalesas, equipo de liturgia, etc.), son la mejor expresión de que la Iglesia es tu madre. Además de la significativa aportación económica que entre unos y otros se consigue para atender materialmente a los pobres, sostener la infraestructura eclesial y a todos los evangelizadores que propagan la buena noticia de la ternura de Dios en la humanidad como expresión inequívoca de su maternidad.

En nuestra Diócesis, como habréis podido ver por los folletos que se han distribuido, la mayor partida de gastos ordinarios se destina a programas solidarios (1.936.258,78€), sobre todo a Cáritas, Manos Unidas y Misiones. Nos alegra que muchas personas, a la hora de legar su patrimonio o de hacer sus donativos solidarios, piensen en la Iglesia no sólo porque el nuevo régimen fiscal de desgravación sea más favorable tanto para las personas físicas como jurídicas (empresas) sino porque casi en su totalidad llega a los destinatarios y al mismo tiempo cunde el doble. Gracias en nombre de tantos pobres anónimos a los que se atiende en la Iglesia y que jamás podrán expresaros personalmente su gratitud. Además, ahora, para mayor comodidad, podréis hacerlo sin moveros de casa, a través de la página web, cliclando en la pestaña: www.donoamiiglesia.es.

CONTIGO, aunque te creas insignificante, LO SEREMOS (esa gran familia). Implícate a fondo, si estás dentro de su seno. Vuelve, si te sientes alejado, y enriquécenos con tus valores. Ojalá logremos devolver la dignidad que Dios otorgó a todas las personas y hagamos florecer un mundo más libre, fraterno y solidario. Esto es lo realmente audaz, moderno y fascinante: hacer de la Iglesia tu verdadero «hogar, tu «casa de acogida» o tu «hospital de campaña». Haz de tu familia una iglesia doméstica, fuente y escuela de fraternidad.

Con mi afecto y bendición

Ángel Pérez Pueyo

Obispo de Barbastro-Monzón

3 de noviembre de 2017

¡Qué novedad! Se ve que esto es un «virus» endémico de la sociedad. En la Palabra de Dios que se proclama este domingo en la eucaristía resuenan unas serias advertencias contra los líderes religiosos del pueblo. El profeta Malaquías denuncia a los sacerdotes que con su enseñanza y comportamiento desviados escandalizan a la gente. Del mismo modo Jesús advierte en el evangelio sobre el mal ejemplo que dan los maestros de la ley y los fariseos con su conducta incoherente. Los acusa de incoherencia y ostentación. Frente al orgullo de clase o al afán de distinguirse, los cristianos debemos cultivar la fraternidad y la capacidad de servicio. No debemos, como nos recuerda el salmo, perseguir grandezas sino vivir en humildad. Tal y como hizo Pablo que no utilizó sus derechos ni su autoridad como apóstol, sino que se entregó totalmente por amor y trabajó como uno más para no tener que ser mantenido por la comunidad.

¿A quién dirige Jesús estas palabras tan duras? A la gente y a sus discípulos, es decir, a la comunidad cristiana, que debe revisarse en profundidad para no caer en los mismos vicios y defectos de sus adversarios. ¿De qué les acusa Jesús? ¿En qué acciones se manifiesta su criticable actitud? Jesús no les niega su legitimidad en lo que enseñan sino en su falta de coherencia porque no hacen lo que dicen. Su hipocresía se manifiesta en su inflexibilidad a la hora de exigir a otros el cumplimiento de las normas y preceptos legales de los que ellos se eximen con mucha facilidad. Más aún, su incoherencia de vida radica en que sus actos no están motivados por el deseo de hacer lo que Dios quiere, sino por el afán de aparentar. Todo ello está calculado para obtener el reconocimiento público de los demás.

El código del honor, en su época, exigía que tuvieran un comportamiento impecable. La presidencia de banquetes públicos y reuniones litúrgicas era otro modo de obtener buena fama y reputación social, ya que los sitios destacados eran reservados siempre en función del rango de las personas.

Aparentar virtud, ciencia y poderío, dominar y humillar a los demás, es el deporte más practicado por algunos. Presumir de títulos que se tienen o se inventan, apuntarse tantos por valía, ideas e iniciativas… pero ¿qué actitudes son las que Jesús propuso a los cristianos?

La segunda parte del pasaje tiene una clara advertencia a la comunidad cristiana para que no caiga en la misma tentación que los escribas y fariseos. En la comunidad no debiera existir competición por títulos y puestos de honor. El ejercicio de diferentes funciones no debe ser ocasión para introducir clases y escalafones. Al contrario, el que quiera aparecer como mayor debe actuar como servidor. La Iglesia es presentada como alternativa, esto es, una fraternidad en la que todos son hermanos y discípulos sin distinciones, reunida como una familia en torno a un solo Padre (Dios) y a su único maestro (el Mesías). Y lo que les hace honorables no son los títulos, o los signos externos de prestigio, sino el ejercicio de la solidaridad fraterna a ejemplo de Jesús.

Esta página evangélica tiene una tremenda vigencia y actualidad. A través de ella Jesús sigue criticando nuestra facilidad para asimilarnos a los valores de la sociedad y nos invita a preguntarnos hasta qué punto vivimos en la Iglesia ese ideal de servicio y fraternidad que él nos plantea.

¿Qué imagen de Dios se refleja? ¿De qué manera determina esa imagen nuestra relación con Él y con los demás? ¿En qué sentido nos interpela nuestra coherencia de vida? ¿Qué nos falta y qué nos sobra como Iglesia para acercarnos más a ese ideal de servicio y fraternidad que Jesús nos propone en el evangelio de hoy?

Concluyo haciendo mía esta plegaria de Basilio Caballero:

«Oh Dios, nuestro Padre y nuestro único Señor,

nosotros somos los que decimos y no hacemos.

Líbranos de la hipocresía y del complejo de superioridad,

porque todos somos hijos tuyos y hermanos en Cristo.

Fortalece con tu gracia a los servidores de tu pueblo,

para que la Palabra que anuncian se haga verdad en ellos.

Mantén en la fe a los más débiles y tentados de abandonar.

Haz que nuestro ejemplo evangélico de amor humilde

y de fraternidad sincera robustezca a los vacilantes,

para que, guiados por tu Espíritu, caminemos juntos

con el corazón ensanchado por el camino de tu verdad».

 

Con mi afecto y bendición

Ángel Pérez Pueyo

Obispo de Barbastro-Monzón 

 

29 de septiembre de 2017

«Es el Señor» (Jn 21,7)

El primer domingo de octubre celebramos en Aragón el «Día de la Educación en la Fe». Con motivo de esta importante jornada, los Obispos de las diócesis aragonesas dirigimos nuestro agradecimiento, nuestro apoyo y un mensaje de aliento a los sacerdotes, catequistas, profesores de Religión, padres, monitores, agentes de pastoral y todas las personas que, de un modo coordinado entre la familia, la parroquia y la escuela, trabajáis en la transmisión de la fe.

Existe un profundo vínculo entre la experiencia de la fe y la misión educativa. La educación en la fe expresa la solicitud de la Iglesia por todas y cada una de las personas a las que Jesucristo se acerca para responder a sus necesidades de vida, plenitud y sentido.

La educación en la fe brota de la misma identidad de la Iglesia, que se siente enviada por el Señor: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación» (Mc 16,15). Fiel al mandato misionero, la comunidad cristiana es consciente de que «evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar» (Evangelii nuntiandi 14).

Más que asumir actitudes meramente reactivas y defensivas ante la sociedad, que parece ignorar y despreciar valores absolutos, los educadores en la fe estáis llamados a asumir actitudes proactivas que reafirmen el valor y la dignidad de las personas y que favorezcan el encuentro con el Señor. Con ánimo gozoso y sereno, sabéis que vuestra tarea consiste en proponer, alentar, animar, acompañar, discernir e integrar. En definitiva, custodiar, alimentar y promover la memoria de Jesucristo.

«La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento» (Evangelii gaudium 1).

Ante la dificultades que encontramos cada día, corremos el riesgo de convertirnos en «seres resentidos, quejosos, sin vida» (EG 2). De hecho, «los que más disfrutan de la vida son los que dejan la seguridad de la orilla y se apasionan en la misión de comunicar vida a los demás» (EG 10). Como los discípulos de Jesús, que en tantas ocasiones, lanzaron sus redes siguiendo las palabras del Señor.

El mundo actual necesita recibir la Buena Nueva «no a través de evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o ansiosos, sino a través de ministros del Evangelio, cuya vida irradia el fervor de quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo» (EG 10).

Los educadores, las comunidades y las instituciones educativas tienen por delante un intenso trabajo que concierne a su propia identidad y a la misión que se ha de vivir de modo apasionado.

Los educadores en la fe valoráis la pedagogía de los acontecimientos y de las personas. Contribuís a conocer y valorar las acciones de Dios en la historia de la salvación y el significado de las personas: Jesucristo, la Virgen María, los apóstoles, los personajes del Antiguo y del Nuevo Testamento, los santos, los testigos y todos aquellos en los que se descubren los rasgos de la gozosa identidad cristiana.

San Juan narra en el último capítulo de su evangelio una bella escena en la que algunos discípulos, después de la muerte y resurrección de Jesús, se embarcaron una noche con la intención de pescar y no cogieron nada. Cuando amaneció, Jesús se presentó en la orilla, pero los discípulos no le reconocieron. Después de seguir las indicaciones de Jesús, no podían sacar la red por la multitud de peces. Y el discípulo a quien Jesús amaba dijo a Pedro: «Es el Señor» (Jn 21,7).

Después de mucho esfuerzo baldío, como consecuencia de muchas jornadas de trabajo aparentemente infructuoso, también vosotros estáis llamados a reconocer la presencia viva del Señor de la vida. Estáis llamados a escuchar el gozoso anuncio que surge del corazón abierto y lleno de amor: «Es el Señor». Y os sentís enviados a comunicar esta Buena Noticia sin miedo ni resistencia.

Que la Virgen María, discípula misionera, creyente fiel, maestra de esperanza, testigo del amor, estrella de la nueva evangelización, interceda por todos vosotros para que reconozcáis al Señor en todos los momentos y circunstancias de vuestras vidas.

Recibid nuestra gratitud y nuestro afecto, junto con nuestra bendición.

+ D. Vicente Jiménez Zamora, Arzobispo de Zaragoza

+ D. Julián Ruiz Martorell, Obispo de Huesca y de Jaca

+ D. Eusebio Hernández Sola, Obispo de Tarazona

+ D. Ángel-Javier Pérez Pueyo, Obispo de Barbastro-Monzón

 + D. Antonio Gómez Cantero, Obispo de Teruel y Albarracín 

 

22 de septiembre de 2017

El 26 de agosto pasado, en la explanada de Lourdes, traté de explicárselo a los cuarenta jóvenes voluntarios que peregrinaron al santuario francés con la Hospitalidad diocesana de Ntra. Sra. de Lourdes. Os comparto las siete pinceladas que adapté de J. Jauregui, por si os pueden ayudar:

  1. ¡Dios sueña con tu «excelencia». No te conformes con menos! La arcilla cuando es barro, vale muy poco. Pero modelada por el ingenio del artista se hace obra de arte. Del lodo de los caminos pasa a los grandes museos… ¿Qué puedes hacer con tu arcilla (vida)?
  2. ¡Dios sueña con tu «excelencia». No te conformes con menos! El tronco de un árbol puede pudrirse en el bosque o ser cortado para leña. También puede ser tallado por el alma de un artista y convertirse en una magnífica estatua. ¿Qué escultura querrías que Dios modelase en ti?
  3. ¡Dios sueña con tu «excelencia». No te conformes con menos! El estiércol puede quedarse para siempre en «excremento». Sin embargo, aplicado a la tierra se convierte en abono que la vivifica. La vida es y vale aquello que tú eres capaz de hacer con ella.
  4. ¡Dios sueña con tu «excelencia». No te conformes con menos! Después de mil trescientos años, se encontraron unas semillas se-cas en las pirámides. Todos pensaron que ya no servirían. Alguien las sembró. Volvieron a dar trigo. Nunca tu vida estará tan seca que no pueda reverdecer.
  5. ¡Dios sueña con tu «excelencia». No te conformes con menos! La tierra puede ser puro erial. O puede ser un lugar de sementera donde la primavera hace florecer de espigas los tallos. Puede ser también alfombra de flores. De ti depende hacer de la vida un desierto o un vergel.
  6. Dios sueña con tu «excelencia». No te conformes con menos. No pidas que sea Él quien lo haga todo en ti. El respetará tu libertad y tu conciencia, no hará por ti lo que no quieras hacer. Que nadie pueda decir que eres menos de lo que Dios soñaba de ti.
  7. ¡Dios sueña con tu «excelencia». No te conformes con menos! Todo depende de tu decisión. Decídete. No estés jugando con tus miedos ni con tus indecisiones. Juega a ganar. Juega a SER. Y lo serás.

 

 

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