17 de febrero de 2012
Esta semana está convocado el Patronato de la Institución Ferial de Barbastro con la propuesta de un ERE?temporal sobre la totalidad de su plantilla, como solución a una situación que no se sabe muy bien cuál es. Quizá hoy tampoco lo sabe el propio Patronato, que aún no conoce el resultado contable de 2011 y no se ha reunido desde finales del año pasado. Ni el Ayuntamiento, patrono de esa casa, a la que este 2012 volverá a aportar 115.000 euros. Y, desde luego, no lo saben los ciudadanos, a los que se les mandan contradictorios mensajes sobre lo bien que marcha la Feria, su estupenda gestión y lo bueno que será un ERE para garantizar el mantenimiento de la plantilla.
Los expedientes de regulación de empleo son herramientas empresariales, que pueden servir para reflotar situaciones económicamente ahogadas pero que, de manera aislada, no garantizan un futuro. En un organismo, sea cual sea su forma jurídica, que se nutre en un altísimo porcentaje de fondos públicos, optar por soluciones que descarguen toda la presión en sus trabajadores no es sino la salida fácil y vergonzante de una huida hacia adelante que viene, desde hace tiempo, rehuyendo la reflexión y el debate, tanto el interno como el externo, sobre su presente y futuro.
Gestionar –una feria, una empresa, un país, incluso– cuando la situación económica es boyante, el dinero fluye y no importa si algo vale cuatro o cuarenta es fácil. Hace muy poco, los pabellones se llenaban con stands institucionales que todos pagábamos, anuncios ambulantes de planes y proyectos, que regalaban mecheros y pins.
Llega ahora el momento –en una feria, en una empresa, en un país, incluso– de los valientes y los audaces, pero también de los humildes. Llega la hora de asumir que el modelo de ferias hace mucho tiempo que ha cambiado y que la gestión, la ferial, debe ser profesional y comercial, pero no política.

